Con el empuje de su gente, con una convicción que no se doblegó ante la injusticia del VAR y con el olfato de Kevin Viveros, el verde selló una victoria por 1-0 que no solo le dio los tres puntos, sino también el liderato de su grupo en la Copa Libertadores.
El pitazo inicial marcó el comienzo de un asedio. Nacional, con el empuje de los miles que alentaban desde los cuatro costados, salió a devorar el partido. Y tan solo al minuto 2, Kevin Viveros desató la euforia con un gol que prometía ser el inicio de una tarde perfecta. Pero el VAR, en una decisión milimétrica y polémica, anuló el tanto por un fuera de lugar de centímetros. El hombro de Viveros, apenas adelantado, bastó para que la tecnología le negara al verde la apertura del marcador.
En el complemento, llegó el momento de la redención. Una jugada que bien podría ser parte de cualquier relato épico: Harlen “Chipi Chipi” Castillo, portero que asumió el reto de reemplazar al lesionado David Ospina, lanzó un pase largo desde su propio arco. La pelota cayó como un rayo en los pies de Billy Arce, quien dejó en el camino al defensor, se topó con el arquero rival y, en el rebote, emergió nuevamente Viveros. Esta vez sí, sin que el VAR tuviera nada que objetar, el delantero verdolaga fusiló el arco y desató la locura en el Atanasio.
Era el cuarto gol de Viveros en esta edición de la Copa, una cifra que lo confirma como el artillero del equipo y uno de los nombres propios de esta campaña. Pero más allá del gol, su entrega, su movilidad y su olfato lo convirtieron en figura indiscutida.
Después del tanto, Nacional manejó los tiempos con inteligencia. Se defendió con el balón, desgastó al rival y no permitió que Bahía encontrara espacios. La visita, además, se mostró sorprendentemente tímida. Harlen Castillo casi no tuvo trabajo, pero cuando fue exigido respondió con seguridad, reafirmando que el arco verde está bien custodiado incluso sin su histórico número uno.
Ahora, el hincha verde mirará de reojo el partido de este jueves entre Nacional de Uruguay e Internacional. Un empate en ese encuentro le daría la clasificación anticipada a los octavos de final al equipo antioqueño. Si no, aún tendrá una última bala cuando visite al conjunto charrúa, en un duelo donde incluso una derrota podría bastar, dependiendo de otros resultados.
Por lo pronto, esta fase de grupos quedará en la memoria como aquella en la que Atlético Nacional hizo historia al vencer por primera vez a dos equipos brasileños de forma consecutiva en el Atanasio Girardot. Un logro que no solo se forjó en la cancha, sino también en las gradas, donde miles de gargantas empujaron cada jugada, cada pase, cada remate.
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