El hidrógeno blanco está siendo promovido como un combustible limpio y abundante, desatando un interés enorme de su extracción.

En 1859, Edwin Drake perforó el primer pozo petrolero en Pensilvania y encendió la mecha de la era del petróleo. Hoy, más de siglo y medio después, una nueva generación de exploradores quiere repetir la hazaña. Esta vez, sin embargo, no buscan crudo… buscan hidrógeno natural, también llamado hidrógeno blanco.
Prometido como un combustible limpio y abundante, este elemento comienza a desatar una fiebre de exploración que recuerda peligrosamente a las extracciones descontroladas del pasado. La pregunta clave es: ¿estamos a punto de cometer el mismo error ambiental, otra vez?

¿Qué es el hidrógeno blanco y por qué está causando tanto revuelo?
El hidrógeno blanco es un tipo de hidrógeno que se genera de forma natural en el subsuelo, principalmente cuando el agua subterránea entra en contacto con rocas ricas en hierro en un proceso conocido como serpentinización. Si se acumula bajo capas de roca impermeables como la sal o la lutita, este gas puede quedar atrapado y formar reservorios que, en teoría, podrían ser explotados.
Te puede interesar > Día del Sobregiro de la Tierra 2025: Desde hoy, vivimos a crédito ecológico
Según estimaciones recientes del Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), podría haber hasta 5.6 billones de toneladas de hidrógeno atrapadas bajo tierra. Si tan solo el 2% fuera recuperable, cubriría 200 años de demanda energética mundial. Con estos números, no sorprende que al menos 60 compañías ya estén buscando reservas y que el entusiasmo haya captado inversiones de más de mil millones de dólares.

¿Energía limpia o nuevo ecocidio subterráneo?
Aunque se vende como un combustible sin carbono, extraer hidrógeno blanco no está exento de impactos. Para empezar, muchos de estos reservorios contienen también metano, un gas de efecto invernadero 80 veces más potente que el CO₂. Si se libera durante la extracción, podría anular por completo cualquier beneficio climático del hidrógeno.
Además, el hidrógeno compite en la atmósfera con los radicales hidroxilo (OH), que se encargan de descomponer el metano. ¿Qué significa esto? Que incluso pequeñas fugas de hidrógeno podrían prolongar la vida del metano en la atmósfera y agravar el calentamiento global.
Y eso sin contar con las emisiones indirectas de perforar, construir infraestructura y transportar el gas, que podrían llevar la huella de carbono del hidrógeno blanco a niveles similares o incluso superiores al del hidrógeno verde, dependiendo de la composición del yacimiento.

¿Cuánto sabemos realmente sobre este recurso?
Poco. Muy poco. A pesar del entusiasmo, no hay aún un solo pozo comercialmente viable de hidrógeno blanco en el mundo. El único ejemplo de uso real está en un pequeño pueblo de Mali, donde una explosión accidental reveló un yacimiento en 1987. Hoy, ese hidrógeno alimenta una pequeña planta eléctrica para la comunidad. Nada a escala industrial.
Expertos como Laurent Truche, geólogo de la Universidad de Grenoble, advierten que la generación natural de hidrógeno es demasiado lenta como para considerarlo un recurso renovable a gran escala. Incluso si se encuentra un gran yacimiento mañana, tomaría al menos una década desarrollar una industria funcional. Y el planeta no tiene una década para transiciones lentas si queremos frenar el colapso climático.
ecoosfera.com
