En 1945, solo 10 años después de su descubrimiento en 1935, el uranio se convirtió en símbolo de terror y destrucción; bastaron dos bombas para que la humanidad se esforzara en evitar su uso. Pero, más allá de las disputas políticas y bélicas, este metal tiene potenciales beneficios como el control de insectos transmisores de enfermedades, los tratamientos de salud, y la producción de energía confiable y menos contaminante, entre otros.
La mayor parte del uranio natural no sirve para liberar energía, por ello se enriquece, un proceso que se debe vigilar. Foto: David Boily / AFP.
Expertos invitados al programa Análisis UNAL, de Radio UNAL, señalan que todo depende del uso ético de este químico y sus niveles de enriquecimiento, que permiten aprovechar la radioactividad para beneficio de la vida humana, en vez de erradicarla.
Al liberar calor, el uranio mantiene activo el motor interno de la Tierra, lo que también se relaciona con eventos como los terremotos por el movimiento de las placas tectónicas, según explica el profesor Thomas Cramer, del Departamento de Geociencias de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), investigador del Grupo de Estudios en Geología Económica y Mineralogía Aplicada (Gegema).
El uranio no es un elemento escaso en la Tierra, de hecho es más abundante que el oro o la plata, y se ubica en el promedio de los demás elementos químicos, pero para que su explotación sea económicamente viable se debe encontrar en concentraciones de 10.000g/ton. En Colombia existen varios lugares con uranio, pero no cumplen con estas condiciones para extraerlo.
El uranio más común es el U-238 (más de un 99% del que se extrae), que se define por su masa atómica entre el número de neutrones y protones, pero este no es suficientemente radiactivo. Para encender un reactor nuclear o un arma se requiere del U-235 (apenas 0,7% del que se extrae) que es más radiactivo, es decir menos estable, por lo que requiere de un proceso de enriquecimiento.
Este aspecto es central en el uso del uranio, debido a que el Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP) revisa a qué nivel se está enriqueciendo el químico según su uso, como explica el profesor Óscar Julián Palma Morales, de la Facultad de Estudios Internacionales, Políticos y Urbanos de la Universidad del Rosario.
Este elemento sirve no solo para producir energía o destruir; en medicina nuclear se usa para tratar enfermedades como el cáncer, y algunos estudios lo señalan como útil para el control de mosquitos como Aedesaegypti –transmisor de enfermedades–, o para monitorizar variables de cambio climático, entre muchas otras aplicaciones, según explica el profesor de Cambio Climático y Salud Ambiental Camilo Prieto Valderrama, de la Universidad Javeriana, investigador del Grupo de Asuntos Nucleares del Servicio Geológico Colombiano.
En cuanto a la energía, el uranio provee una fuente confiable, y países como Francia han mostrado que es posible reciclar sus residuos, reduciendo así el impacto ambiental en emisiones con otras energías renovables.
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