El nuevo corredor de la Gran Selva Maya protege 5.7 millones de hectáreas, hogar de jaguares, quetzales y comunidades ancestrales.




En el corazón de Mesoamérica acaba de ocurrir algo histórico: México, Guatemala y Belice se unieron para proteger la Gran Selva Maya, la segunda selva tropical más grande del continente americano después de la Amazonía. Con la firma de un acuerdo trinacional, nació el Corredor Biocultural de la Gran Selva Maya, un santuario natural que abarca 5.7 millones de hectáreas, equivalente a 8 millones de canchas de fútbol. Este corredor no solo busca preservar más de 7.000 especies (incluyendo jaguares, tapires y quetzales), sino también impulsar el turismo sostenible y reconocer el papel de comunidades indígenas y afrodescendientes como guardianes de este patrimonio.
El acuerdo histórico por la Gran Selva Maya
El 15 de agosto de 2025, en Calakmul, Campeche, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum; el presidente de Guatemala, Bernardo Arévalo; y el primer ministro de Belice, John Antonio Briceño, firmaron el memorándum de entendimiento que dio vida al corredor biocultural. La reserva trinacional reúne 12 áreas protegidas en México, 27 en Guatemala y 11 en Belice, entre ellas la Reserva de la Biosfera Calakmul y el Parque Nacional Mirador-Río Azul. Con este acuerdo, 2.4 millones de hectáreas en México, 2.7 millones en Guatemala y 0.6 millones en Belice se integran para formar un territorio continuo, donde la vida fluye sin fronteras políticas.
Un paraíso en peligro
La Gran Selva Maya es hogar de al menos 7.000 especies, de las cuales 200 están en categoría de riesgo, 50 son prioritarias y 250 endémicas. Aquí habitan criaturas emblemáticas como el jaguar, la guacamaya roja, el mono araña y el tapir, pero también comunidades humanas que dependen del bosque para vivir.
El corredor nace como respuesta a amenazas que llevan décadas acechando: la tala ilegal, los incendios forestales, el tráfico de especies y la cacería furtiva. Estos problemas no solo ponen en riesgo a los animales, sino también al equilibrio climático y al acceso al agua para millones de personas en la región. En palabras de Arévalo, “proteger la Gran Selva Maya es proteger la vida misma”.
Comunidades en el centro de la conservación
Un aspecto clave del acuerdo es que reconoce a las comunidades indígenas mayas y afrodescendientes como guardianes fundamentales del ecosistema. Sus conocimientos ancestrales y prácticas sostenibles son esenciales para mantener la salud del bosque. Además, México anunció que expandirá el programa Sembrando Vida a regiones de Guatemala y Belice, con el fin de regenerar suelos, recuperar cobertura forestal y promover la autosuficiencia alimentaria. Esta dimensión social convierte al corredor no solo en un proyecto ecológico, sino también en un motor de justicia ambiental y bienestar comunitario.
Cooperación más allá de las fronteras
El nuevo Consejo de Autoridades de Áreas Protegidas será el órgano trinacional encargado de coordinar la gestión del corredor. Estará integrado por gobiernos, organizaciones ambientales, empresarios, académicos y sociedad civil.
Entre sus tareas están compartir tecnología y entrenamientos contra incendios, controlar la deforestación, fomentar el turismo regenerativo y garantizar un aprovechamiento justo de los recursos forestales. Este modelo de cooperación demuestra que las fronteras políticas no deben dividir cuando se trata de proteger la vida. Como dijo Briceño: “este acuerdo es un puente hacia el futuro”.
Un pulmón vital para el planeta
La Gran Selva Maya es la mayor selva tropical de Mesoamérica y la segunda del continente, después de la Amazonía. Sus selvas bajas, medianas y altas, junto a sus manglares y petenes, cumplen un rol estratégico: regular el ciclo del agua, capturar carbono y mitigar los efectos de la crisis climática. Preservarla no es solo un asunto regional, sino una necesidad global. Cada árbol que se mantiene en pie es un aliado en la lucha contra el calentamiento global. Cada especie que sobrevive asegura el equilibrio de un cosmos lleno de secretos evolutivos que aún estamos descubriendo.
El Corredor Biocultural de la Gran Selva Maya no es solo un acuerdo ambiental: es un pacto de esperanza entre tres naciones para proteger uno de los últimos grandes pulmones del planeta. Con más de 5.7 millones de hectáreas preservadas y el compromiso de miles de personas, esta alianza representa un paso hacia un futuro donde la cooperación y la naturaleza caminan de la mano.
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