Científicos de Huancayo desarrollan un reactor que convierte botellas de plástico en diésel, gas y carbón, reduciendo el impacto ambiental.
por Carolina Gutiérrez Argüelles

En Huancayo, un grupo de científicos decidió darle una segunda vida al plástico que todos odiamos ver en calles, ríos y montañas. Lo que antes era basura, ahora puede convertirse en diésel, gas y carbón gracias a un reactor termoeléctrico desarrollado en la Universidad Nacional del Centro del Perú. En un país donde solo el 10% de los residuos plásticos son reciclados, esta iniciativa suena a ciencia ficción, pero es totalmente real. Y no solo promete reducir la contaminación, sino también abrir un camino hacia nuevas fuentes de energía limpia y local.
Científicos crean reactor que convierte botellas en energía
El proyecto, liderado por el docente Brecio Lazo Baltazar, tardó un año y medio en desarrollarse y costó 120,000 soles, financiados íntegramente por la comunidad universitaria. No fue un experimento improvisado, sino un esfuerzo multidisciplinario en el que participaron docentes y estudiantes de ingeniería, química y mecánica. Su meta era clara: buscar soluciones ante la montaña de botellas descartables que invaden Junín y otras regiones del país.
El corazón de esta innovación es la pirólisis, un proceso donde el plástico es sometido a temperaturas cercanas a los 400 °C en un ambiente sin oxígeno. Eso significa que no hay combustión, sino descomposición molecular. El resultado: moléculas más pequeñas que se condensan y dan origen a un aceite pirolítico muy parecido al diésel.
Del envase descartable al combustible en media hora
El procedimiento suena casi mágico pero está basado en ciencia dura. Primero, las botellas son recolectadas, lavadas y trituradas. Luego ingresan al reactor hermético, donde el calor hace su trabajo. En apenas 30 minutos, ese plástico molesto se transforma en tres productos:
- Aceite pirolítico: similar al diésel, con potencial para usarse en fábricas e industrias.
- Gas propano: apto para cocinas domésticas o sistemas de calefacción.
- Carbón sólido: con aplicaciones en la industria del caucho, la pintura y hasta como fuente energética para ladrilleras o cementeras.
Según el ingeniero Eduardo Montes Bernardo, por cada 13 kilos de plástico procesado se obtienen 2 litros de aceite pirolítico y 10 kilos de gas. Y lo más destacable es que estos productos carecen de azufre, lo que significa menor contaminación ambiental.
El impacto ambiental de transformar plástico en energía
Junín vive una realidad dura: solo el 10% del plástico entra en circuitos de reciclaje. El resto acaba en ríos, quebradas y suelos, convirtiéndose en microplásticos que se acumulan en peces, aves y hasta en nuestros cuerpos. Estudios científicos han relacionado la exposición a estos fragmentos con problemas metabólicos y reproductivos.
Frente a este panorama, el reactor de Huancayo no es solo un invento tecnológico, sino un arma contra la crisis ambiental. Cada botella que entra al sistema evita que se degrade lentamente durante siglos y contamine el ecosistema andino. Además, ofrece una alternativa energética local que podría reducir la dependencia de combustibles fósiles importados.
De Huancayo para el Perú y el mundo
Aunque todavía es un prototipo, el reactor ya ha demostrado que la innovación puede nacer desde las universidades peruanas. Lazo Baltazar lo dice claro: con un escalado apropiado, este sistema podría instalarse en otras ciudades del país, ayudando a diversificar la gestión de residuos.
El impacto sería doble: por un lado, se reduciría la cantidad de plástico en vertederos y calles; por otro, se abriría un mercado de combustibles alternativos, más limpios y con sello nacional. En un futuro no tan lejano, no sería raro pensar que las botellas descartables que usamos a diario alimenten motores, hornos industriales o cocinas familiares.
El reactor termoeléctrico de Huancayo no es solo una máquina: es un símbolo de cómo la ciencia puede convertir un problema en oportunidad. En un planeta ahogado por plásticos, cada innovación que transforme basura en energía limpia es un rayo de esperanza. La pregunta es inevitable: ¿seremos capaces de escalar este tipo de soluciones a gran escala antes de que el plástico termine por devorarnos?
ecoosfera.com
