Alcaldía de Cali convierte chatarra en futuro: 220 vehículos entran  en proceso de transformación ambiental

Santiago de Cali, 18 de noviembre de 2025

En el Distrito de Santiago de Cali se avanza silenciosamente un proceso que no suele ser visible, pero que tiene un impacto profundo en el ambiente, en la seguridad vial y en la gestión responsable de los bienes públicos: la desintegración de vehículos que han cumplido su vida útil y que, durante años, permanecieron inmovilizados o en condición de abandono.

Hoy, gracias al trabajo articulado entre la Unidad de Bienes y Servicios y el gestor ambiental Innova, la ciudad empieza a transformar esos activos en materias primas que volverán a tener utilidad en la industria colombiana.

A la fecha, el gestor ambiental ha recibido, en una primera fase, 220 vehículos de propiedad del Distrito. 70 de ellos ya cuentan con el certificado de revisión de la Sijín, requisito indispensable para verificar su estado legal antes de iniciar el proceso técnico; y 30 ya completaron la certificación de desintegración y desnaturalización, el paso que deja a cada unidad oficialmente lista para la cancelación de matrícula y, posteriormente, para su chatarrización definitiva.

La meta institucional es finalizar la totalidad del proceso antes del 31 de diciembre, en un reto que traerá beneficios para la ciudad.

Los vehículos que llegan a la planta de desintegración son diversos: motocicletas, vehículos livianos, maquinaria amarilla y unidades de carga pequeña. Cada uno requiere un nivel distinto de intervención, y el proceso, contrario a la imagen internacional de una gran máquina que aplasta automotores, en Colombia se realiza casi por completo de manera manual.

Primero se ejecuta la desnaturalización, un procedimiento técnico que ‘inactiva’ el vehículo borrando sus identificadores. Luego comienza el despiece, donde un equipo de entre 3 y 6 operarios, según el tamaño del vehículo, desmonta cada una de sus partes para separar metales, plásticos, componentes eléctricos y residuos no aprovechables.

Esta labor manual responde a una realidad industrial: las siderúrgicas colombianas, que son las encargadas de recibir el material aprovechable, no aceptan vehículos completos.

Por ello, las piezas deben llegar separadas y listas para fundición. Una vez entregados los metales, estos se transforman en productos como varillas, láminas y otras materias primas que vuelven a la cadena productiva.

Cerca del 30 % de un vehículo está compuesto por plásticos y otros materiales no aprovechables, los cuales se entregan a gestores autorizados para su disposición final, cumpliendo la normativa ambiental.

“Más allá del componente técnico, este proceso tiene un impacto social y ambiental significativo. Desintegrar un vehículo que completó su vida útil evita que vuelva al mercado en condiciones inseguras, donde pone en riesgo la vida de quienes lo adquieran sin conocer su estado. Y desde el punto de vista ambiental, evita que toneladas de residuos permanezcan sin uso, convirtiéndolas en materiales que regresan a la industria bajo principios de economía circular”, explicó Noralba García Moreno, directora de la Unidad de Bienes y Servicios, organismo distrital encargado de adelantar el procedimiento.

Tras más de cuatro años sin adelantar procesos de desintegración de vehículos propiedad del Distrito, Cali retoma una tarea necesaria y largamente postergada.

Hoy, la ciudad progresa en la recuperación de sus activos obsoletos, reduce costos de almacenamiento y mantenimiento, y apuesta por una gestión más limpia y responsable. Es un proceso que quizá no se ve en las calles, pero que le aporta orden, seguridad y sostenibilidad al territorio.

Comunicaciones Unidad Administrativa Especial de Bienes y Servicios

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