Vómito, diarrea, cólicos e irritaciones en la piel son algunos de los síntomas de enfermedades asociadas con el consumo de agua contaminada con Giardia spp., Cryptosporidium spp. y Aeromonas media, bacterias halladas en 100 muestras de agua tomadas de este río, que usan más de 400.000 habitantes de la capital de Nariño.
María Alejandra Moreno Tinjacá | periodista Unimediosshare
De las cuencas alta, media y baja del río Pasto se tomaron 100 muestras de agua para analizar su calidad. Foto: Vanessa Urrea.
En la zona norte del río Pasto se aprecia un paisaje que impresiona: montañas imponentes y árboles frondosos. Sin embargo, las aguas que nacen en el páramo Bordoncillo, entre los departamentos de Nariño y Putumayo, se contaminan a lo largo de su recorrido por Pasto, debido a que allí se vierten aguas residuales de los hogares, con restos de grasas, detergentes y del baño. Por su parte, la industria aporta desechos de madera, de cuero y de restaurantes.
Esto representa un riesgo para los 415.937 habitantes de la ciudad, pues las aguas del río se emplean tanto para regar cultivos como para abastecer los sistemas de tratamiento que suministran agua potable a los hogares. La comunidad del casco urbano vive muy cerca del afluente; allí hay asentamientos precarios y mucha basura, lo que evidencia un fuerte impacto ambiental. Y en la parte alta de la cuenca, una zona semirrural, aunque las personas no interactúan directamente con el río, sus vacas y cerdos beben agua y dejan cerca sus desechos orgánicos.
A partir de este contexto se desarrolló el estudio “Análisis metagenómico de aguas superficiales y residuales en el altiplano andino colombiano: implicaciones para la salud y la enfermedad”, una investigación liderada por la bióloga de la UNAL Marina Muñoz Díaz y realizado con un equipo interdisciplinario de las Universidades del Rosario y de Nariño, en colaboración con la Escuela Icahn de Medicina en Monte Sinaí (EE.UU.), cuyos resultados se publicaron este año en la revista Current Microbiology de Springer Nature.
Un mismo río, diferentes fuentes contaminantes
En Colombia, el Índice de Riesgo de Calidad del Agua (IRCA) clasifica los departamentos en categorías de alto, medio, bajo o nulo riesgo, evaluando parámetros como acidez, oxígeno y turbidez del agua. Teniendo en cuenta esta clasificación, “50 de los 64 municipios de Nariño presentan un IRCA de alto riesgo, lo que aumenta la probabilidad de que la población desarrolle malestares gastrointestinales como diarrea y vómito. Además, la exposición al agua de baja calidad puede irritar la piel o empeorar la dermatitis existente”, señala Luisa Córdoba, del Instituto Departamental de Salud de Nariño (IDSN).
Para el estudio, entre agosto de 2022 y marzo de 2023 se recolectaron más de 100 muestras en cuatro puntos: tres en las cuencas alta, media y baja del río y uno en la planta de tratamiento de aguas residuales Juan XXIII, esto con el propósito de representar las condiciones generales del río.
Las muestras se sometieron a un análisis metagenómico, una técnica que estudia todo el material genético presente en ellas para conocer qué organismos hay y qué funciones pueden desempeñar; para ello se filtró el agua para concentrar los microorganismos y extraer su material genético (ADN).
El río, ¿un reservorio natural de enfermedades?
Los resultados mostraron la presencia de dos parásitos intestinales: Giardia spp. (75 %) y Cryptosporidium spp. (94 %), detectados mediante reacción en cadena de la polimerasa, una técnica de laboratorio que permite estudiar una parte específica del ADN. La secuenciación metagenómica mostró que el 98 % de las secuencias correspondían a bacterias, entre ellas Aeromonas media, asociada con infecciones y heridas intestinales. También se detectaron bacterias benéficas con potencial biotecnológico, entre ellas Polaromonas naphthalenivorans, que sirven para limpiar zonas afectadas por derrames de petróleo.
Además se detectaron factores de virulencia, es decir características genéticas que pueden aumentar la capacidad de algunas bacterias para causar enfermedades. “La detección de estos microorganismos en un río que abastece agua para consumo o riego evidencia un riesgo real para la salud pública, especialmente para poblaciones vulnerables como niños y personas con un sistema inmunológico debilitado”, explica la investigadora Muñoz.
Por otro lado, los medicamentos vencidos que se vierten en los hogares —por ejemplo en el sanitario— llegan al río, donde algunas bacterias se van adaptando a estos fármacos y se vuelven resistentes. Luego, con estas aguas se riegan cultivos que van a parar a la mesa de los consumidores, quienes pueden desarrollar infecciones bacterianas, que al ser tratadas con antibióticos, no se curan con rapidez.
Esta resistencia se evidencia en los marcadores genéticos de las muestras analizadas, es decir pequeñas secuencias de ADN que sirven como “señales” para seguir la herencia de ciertos genes o distinguir su origen. El 68% de los grupos encontrados corresponden a antibióticos tetraciclinas, el 57% a aminoglucósidos y el 49% a macrólidos, presentes sobre todo en las muestras de aguas residuales.
Este análisis sugiere que los ríos se estarían convirtiendo en reservorios naturales de esos microorganismos, pues en los entornos con esas características las bacterias encuentran un microambiente favorable para sobrevivir y multiplicarse, lo que a su vez promovería la aparición de nuevas poblaciones de microorganismos resistentes que no respondan a los tratamientos de antibióticos actuales.
Detectar parásitos intestinales, bacterias patógenas, factores de virulencia y marcadores genéticos de resistencia antimicrobiana revela una serie de factores de riesgo en el agua y enciende una alerta que las autoridades ambientales y de salud se deben tomar en serio.
“Incorporar herramientas como la metagenómica en los sistemas de vigilancia ambiental no solo permite anticiparse a posibles brotes, sino también diseñar políticas públicas más efectivas, basadas en evidencia científica. En un contexto de creciente preocupación por el acceso al agua segura, estos estudios son fundamentales para proteger el derecho a la salud, al ambiente y al agua limpia”, puntualiza la profesora Muñoz.
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