Desprendimiento de placas, falla de estructuras que regulan la velocidad del río, socavaciones e inundaciones, son algunos de los problemas que delatan la inestabilidad del canal y de las estructuras aledañas como puentes, vías férreas y edificaciones, según los estudios que la UNAL Sede Medellín adelanta desde 2012 y que identificaron 84 puntos críticos.
19 de enero de 2026
Lilian Posada | , Ph. D. en Ingeniería con énfasis en Geomorfología Fluvial. Docente Facultad de Minas UNAL Sede Medellínshare

El río Aburrá-Medellín nace en el Alto de San Miguel (3.100 msnm) y abastece una cuenca de 1.251km antes de desembocar en el río Porce (1.052msnm). En su recorrido inicial de 107km atraviesa los 10 municipios que conforman el área metropolitana del Valle de Aburrá: Caldas, La Estrella, Sabaneta, Envigado, Itagüí, Medellín, Bello, Copacabana, Girardota y Barbosa, de los cuales recibe más de 260 afluentes desde sus laderas.
El río estrecho y recto que se conoce hoy era más ancho, tenía curvas y divagaba formando meandros (curvas del río); sin embargo, a finales de la década de 1940 se decidió canalizarlo como una apuesta de desarrollo urbanístico e industrial, que incluyó la construcción de empresas como Simesa y la Fábrica de Licores, además de planteles educativos como la Universidad EAFIT, el Politécnico Jaime Isaza Cadavid, centros comerciales, viviendas y vías, entre otros, para Medellín y los municipios aledaños de La Estrella, Sabaneta e Itagüí, al sur del Valle de Aburrá.
Hoy esta intervención del río se extiende hasta el municipio de Bello, al norte del Valle de Aburrá, cubriendo un tramo de 24,1km que se distribuye así: 11,8km al sur, 4,8km en el centro, y 7,5km al norte. Además de rectificar los antiguos meandros, estas obras incluyeron la instalación de azudes o “escalones” en el cauce, con el fin de controlar el gradiente (cambios en las características del flujo de agua) y reducir la velocidad y la fuerza del agua, evitando así el desgaste del terreno. Así mismo, las paredes del canal se revistieron con placas de concreto para fortalecer su estructura.
En este tramo canalizado del río desembocan numerosas quebradas que no solo aportan agua, sino también una gran cantidad de sedimentos como rocas, arena y basuras. Estos materiales viajan con fuerza y velocidad rozando las placas de concreto que recubren las paredes del canal y las obras transversales (azudes) del fondo. Con el tiempo, esa fricción ha desgastado las estructuras y compromete su estabilidad provocando desplomes, e incluso la pérdida de la estructura.
Cuando el caudal aumenta, en temporadas de lluvia, el agua arrastra más sedimentos desde el fondo del canal y los empuja río abajo, en épocas de bajo caudal, esos materiales se acumulan y forman pequeñas islas que, al concentrarse en uno de sus lados, favorecen la erosión del lado opuesto, debilitando la base de las placas hasta dejarlas sin soporte.
Diagnóstico completo, intervención a medias
En la década de 1980, cuando se planeaba la construcción del Metro, no existían las Corporaciones Ambientales Regionales (CAR), y el Instituto Nacional de Recursos Naturales (Inderena) fue la entidad que aprobó la construcción del Metro en una franja de terreno junto al río (franja de retiro), la cual se debía mantener libre de construcciones para evitar daños ambientales y prevenir desastres, ya que el río es el eje de integración de todo el Valle de Aburrá.
Esta decisión priorizó una de sus márgenes para desarrollar la construcción, e hizo que el canal perdiera aún más flexibilidad, es decir que redujo el espacio por donde puede pasar el agua, ya que al principio las placas del canal estaban inclinadas y ahora, con las paredes del Metro, son totalmente rectas. Esto impide la comunicación del río con ese espacio de inundación (planicie) como solía hacerlo en su estado natural.
Para los más de 4 millones de personas que habitan este valle, el valor central del río sigue vigente, pues conecta a los 10 municipios, ya que a ambos lados del canal se establecieron las vías que comunican el valle de sur a norte y de norte a sur. Por ser una vía fluvial que transporta agua y sedimentos, el río, como cualquier vía terrestre, requiere de un mantenimiento periódico (al menos una vez al año, después de la época invernal más fuerte, que es a finales del segundo semestre), pero actualmente este no se hace con la frecuencia necesaria. Desde 2012 el Área Metropolitana del Valle de Aburrá (AMVA) realiza, a través de la UNAL Sede Medellín, un diagnóstico del estado de estas obras para establecer la patología del canal.
En el estudio se identificaron 84 puntos de inestabilidad (paredes, lecho y estructuras transversales), los cuales se ordenaron según su nivel de riesgo. Entre 2012 y 2019 se intervinieron 50 de estos puntos, mediante la ejecución de las obras de estabilización, según lo iban permitiendo los presupuestos y las políticas de dirección de la autoridad ambiental local.
En los años siguientes y hasta la fecha el AMVA ha vendido monitoreando las condiciones físicas del canal y los riesgos asociados con inundaciones que se pueden presentar para la comunidad cercana. No obstante, entre 2020 y 2024 la autoridad ambiental no ejecutó las obras, pues en ese momento su administración consideró que cada municipio debería velar por la estabilidad del tramo del canal en su jurisdicción. Esta política fue nefasta para el canal del río Aburrá-Medellín, ya que algunos tramos son compartidos por varios municipios (por ejemplo Itagüí-Envigado), siendo el canal una sola unidad.
Sin embargo, a finales de 2024 se habían identificado unos 40 puntos adicionales a los 34 restantes que no se lograron intervenir en las obras anteriores, para un total de 74 puntos de inestabilidad; de estos, el AMVA ha contratado la intervención de 17 para este año.
Más agua, menos espacio
Entre los problemas detectados desde el primer diagnóstico, que comprometen la estabilidad del canal y de las estructuras aledañas (puentes, vía férrea, vías regionales, edificaciones, etc.), sin incluir la calidad del agua, están: la pérdida o el desprendimiento de placas; el desgaste o la falla de estructuras que regulan su velocidad y mitigan posibles inundaciones (azudes y contradiques); el crecimiento de vegetación entre una placa y otra; la socavación en su fondo y a los lados; el arrastre o descubrimiento de rocas de gran tamaño, y los desbordamientos.
A este panorama se suma que las corrientes de agua naturales son muy dinámicas, permanentemente están modificando este canal debido a procesos como la erosión, el transporte de sedimentos, la agradación o acumulación inapropiada de materiales, entre otros, que se deben a la variabilidad de las condiciones climáticas. Estos efectos son innegables y la UNAL Sede Medellín los estudia desde 2022: más agua debido al cambio climático implica crear una sección más amplia para contenerla dentro de las paredes del canal para mitigar desbordamientos.
Además, los análisis permitieron identificar los impactos ocasionados por el cambio en el uso del suelo: las zonas verdes que antes existían en los municipios aledaños al canal, y que facilitaban la infiltración de las lluvias al terreno, han sido reemplazadas progresivamente por edificaciones, lo que ha resultado en la impermeabilización del área.
Como consecuencia, el agua de lluvia que cae sobre los 10 municipios ahora fluye mucho más rápido hacia el río, aumentando así el riesgo de inundaciones y desbordamientos tanto de las quebradas como del mismo río, que ponen en peligro a las comunidades y las estructuras cercanas. Por eso es necesario aumentar la capacidad hidráulica del canal para poder controlar las futuras inundaciones que se puedan presentar.
Teniendo en cuenta estos resultados, la UNAL Sede Medellín recomienda:
- Que una sola entidad sea la responsable del mantenimiento del canal del río Aburrá-Medellín.
- Que las obras a ejecutar consideren el canal como un todo, pues ejecutar obras en una sola de las márgenes genera que la margen opuesta se vuelva más vulnerable.
- Que las obras de control tengan cuidado de no profundizar el canal actual del río, ya que las quebradas que drenan al valle, tan estrecho, quedarían colgadas (erosión remontante).
- Que se diseñen las medidas necesarias para transportar el agua excedente que provoca las inundaciones.
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