Desperdiciamos más de 1.000 millones de toneladas de alimentos al año. Esto no solo representa un enorme despilfarro de los recursos necesarios para producir, procesar y transportar esos alimentos, sino que también significa que cada día las y los consumidores descartamos 1,3 comidas por cada persona en el mundo impactada por el hambre. Es una tragedia humana de proporciones colosales. También es un factor importante del agravamiento del cambio climático: hasta un 10 % de todas las emisiones de gases de efecto invernadero proviene de alimentos que al final son desperdiciados.

Resolver este problema exige colaboración a lo largo y ancho de todo el sistema alimentario, conectando las políticas públicas con las prácticas de la agroindustria y el comercio minorista. (Cada año se utiliza un área de territorio más grande que China para producir alimentos que se perderán en las cadenas de suministro). Pero hay mucho que podemos hacer como personas para asegurarnos de que nuestra comida termine en nuestras barrigas y no en nuestros basureros. Aquí tienes siete consejos.

  1. Compra con atención plena   

Aproximadamente el 60 % de todo el desperdicio de alimentos proviene de hogares: allí, más de 1.000 millones de comidas son desperdiciadas cada día. A menudo, esto empieza con decisiones que tomamos con la dopamina y no con el bolsillo: nos llaman la atención alimentos que nunca llegamos a comer o caemos ante estrategias de mercadeo y promociones y realizamos compras impulsivas. Mejor planea tus comidas antes de ir al mercado y cíñete a tu lista de compras: así es más probable que adquieras solo lo que sabes que vas a usar. Y revisa tu refrigerador antes de salir para evitar comprar más de lo que necesitas o duplicar lo que ya tienes.

  1. Cocina sabiamente    

Cocinar “con los ojos” —más de lo que puedes comer— puede generar desperdicio, ya que muchas sobras terminan en la basura. A menos que estés preparando varias comidas por adelantado, mide tus porciones de arroz y otros alimentos básicos para asegurarte de preparar solo lo que tú —o el grupo para el que cocinas— probablemente comerán en una sola sentada. Y si en efecto te quedan sobras, no las desperdicies. Aprovéchalas para reemplazar una futura comida que hubieras comprado o incorpora sus ingredientes sobrantes en una nueva receta.

Alimentos en un refrigerador
Almacenaje de alimentos. Crédito: Ello / Unsplash
  1. Almacena con ingenio  

Conocer los requisitos de almacenamiento de diferentes tipos de alimentos es esencial para minimizar su deterioro y desperdicio. Guarda tus alimentos secos en recipientes herméticos; las carnes frescas en el congelador o en el compartimento frío del refrigerador; y las cebollas y papas en un lugar fresco y oscuro. Mantén las frutas y verduras frescas en el cajón para vegetales del refrigerador y asegúrate de cerrar bien cualquier empaque que hayas abierto previamente. En el caso de alimentos perecederos, sigue un sistema de “primero que entra, primero que sale” para evitar que se echen a perder.

  1. Aprende qué significan —y qué no— las etiquetas de “mejor antes de”

Estudios muestran que muchas personas suponen que la comida debe desecharse después de la fecha de “mejor antes de” impresa en su paquete. En la Unión Europea, el 10 % del desperdicio anual de alimentos se debe a estas fechas, y en los Estados Unidos, el 84 % de las y los consumidores botan algunos alimentos simplemente por la fecha indicada en la etiqueta. Pero, a diferencia de la fecha de expiración, caducidad o “consumir antes de” —después de la cual los alimentos ya no son seguros para consumir—, la fecha “mejor antes de” solo indica la fecha a partir de la cual la entidad manufacturera ya no garantiza la calidad, el sabor o la textura óptima de su producto. Los alimentos suelen ser perfectamente seguros para comer después de esa fecha: solo revisa su apariencia visual, huélelos y pruébalos antes de meter la cuchara.

  1. Aprecia la imperfección  

Desperdiciamos casi la mitad de todas las frutas y verduras. En parte, esto se debe a la promoción de y eventual preferencia por productos “perfectos” o “normales”: cerca de un tercio de la producción se rechaza entre la finca y el mercado tan solo por su apariencia. Ten presente que una zanahoria torcida o una manzana con marcas sigue siendo totalmente apta para el consumo. Al elegirla, no solo ayudas a reducir su desperdicio, sino también a disminuir el uso de recursos en la producción de frutas y verduras —agua, semillas, suelo, mano de obra y combustible—. Comprar alimentos locales y de temporada, cuando te sea posible, también ayuda a reducir las emisiones y recursos necesarios para transportar, almacenar y vender alimentos lejos de donde fueron cultivados.

  1. Compartir es cuidar  

A veces la realidad se impone, y simplemente no podemos comer todo lo que compramos o cocinamos. Pero tal vez tus amistades o vecinas y vecinos sí puedan. Conversa y comparte con ellas y ellos tu comida o usa una aplicación para encontrar quién puede aprovechar esos ingredientes que te sobran. Para alimentos no perecederos que aún no han alcanzado su fecha de venta, considera donarlos a un banco de alimentos local, donde pueden apoyar a las personas más vulnerables de tu comunidad. ¿Buscas un buen precio para ti también? Algunos comercios como panaderías y cafeterías ofrecen descuentos al final del día para productos que de otro modo tendrían que desechar. Al aprovechar estas ofertas evitas que alimentos perfectamente buenos terminen en la basura y, al mismo tiempo, las mismas te ayudan a ahorrar dinero.

Compost
Compostar. Crédito: Sandie Clarke / Unsplash
  1. Al compostar nada sobra 

Ciertos restos y desperdicios son inevitables, como las cáscaras de huevo, las cáscaras de sandía y las pieles de cebolla. Pero cuando estos residuos terminan en vertederos, se descomponen sin oxígeno y generan metano, un potente gas de efecto invernadero. La Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos estima que el 58 % de las emisiones de metano de los vertederos municipales de ese país provienen de alimentos desperdiciados. Compostar estos residuos devuelve nutrientes esenciales a la tierra, mejora la estructura del suelo y captura carbono. Y si tienes tu propio jardín, te ayudan a ganarte el agradecimiento y el afecto de tus plantas.

Día Cero Desechos 2026

El Día Cero Desechos, que se celebra cada año el 30 de marzo, está centrado este 2026 en el desperdicio de alimentos. Facilitado conjuntamente por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y el Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU‑Hábitat), el Día Cero Desechos 2026 hace un llamado a las personas, los gobiernos y las organizaciones de todo el mundo a tomar medidas concretas para prevenir los desechos, promover soluciones circulares y fortalecer sistemas alimentarios con cero desperdicios.

Como la principal autoridad ambiental del mundo, el PNUMA trabaja para prevenir el desperdicio de alimentos y mitigar las emisiones de metano mediante la adaptación y ampliación de soluciones comprobadas, además de promover la colaboración mundial en este tema. En la COP30 en Belém, Brasil, el PNUMA y sus aliados lanzaron Food Waste Breakthrough (Avance ante el Desperdicio de Alimentos), una iniciativa para reducir a la mitad el desperdicio de alimentos para 2030, disminuyendo las emisiones de metano en hasta un 7 % como parte de los esfuerzos para desacelerar el cambio climático.

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