{"id":172903,"date":"2024-09-21T14:37:31","date_gmt":"2024-09-21T18:37:31","guid":{"rendered":"https:\/\/sportseco.com\/?p=172903"},"modified":"2024-09-21T14:37:35","modified_gmt":"2024-09-21T18:37:35","slug":"tierra-fertil-y-mesa-vacia-la-paradoja-de-los-monocultivos-acaparadores","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/sportseco.com\/?p=172903","title":{"rendered":"Tierra f\u00e9rtil y mesa vac\u00eda, la paradoja de los monocultivos \u201cacaparadores\u201d"},"content":{"rendered":"\n<p>Colombia afronta una contradicci\u00f3n alarmante: aunque en su territorio se pueden cultivar unas 400 especies de plantas comestibles, la palma de aceite, destinada a la producci\u00f3n de biocombustibles, cosm\u00e9ticos y otros productos no alimentarios, ocupa la mayor parte del suelo cultivable. Este acaparamiento de tierras para monocultivos tambi\u00e9n incide en la inseguridad alimentaria que afecta al pa\u00eds.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/periodico.unal.edu.co\/articulos\/tierra-fertil-y-mesa-vacia-la-paradoja-de-los-monocultivos-acaparadores?lgn=en\"><\/a>Hasta principios del siglo XXI el corregimiento chocoano de Camelias fue un ejemplo de autosuficiencia alimentaria; sus habitantes cultivaban una amplia variedad de alimentos, desde ma\u00edz, yuca y \u00f1ame hasta frutas tropicales como chontaduro, mango y lulo.<\/p>\n\n\n\n<p>La caza y la pesca complementaban su dieta, lo que garantizaba una alimentaci\u00f3n diversa y nutritiva. \u201cHab\u00eda tanta abundancia que tener hijos no era una carga\u201d, recuerda Alberto Dom\u00ednguez, un campesino que lleg\u00f3 a la regi\u00f3n en los a\u00f1os 70 y que a mediados de los 2000 tuvo que pasar hambre cuando sus tierras fueran ocupadas por palma aceitera y pl\u00e1tano.<\/p>\n\n\n\n<p>Estos recuerdos son apuntados juiciosamente por Andrea Trujillo Rend\u00f3n en un nutrido diario de campo que refuerza su investigaci\u00f3n como mag\u00edster en Medio Ambiente y Desarrollo de la UNAL Sede Medell\u00edn. \u201cLas tierras de este lugar, ubicado en el Bajo Atrato chocoano, fueron f\u00e9rtiles y plenamente diversas hasta 2001, cuando m\u00e1s de 22.000 hect\u00e1reas de bosque se talaron para sembrar palma de aceite o africana\u201d, anota.<\/p>\n\n\n\n<p>Con m\u00e1s de 600.000 hect\u00e1reas ocupadas, la palma es el cultivo m\u00e1s extenso de Colombia seg\u00fan el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural. Por eso la tesis de Andrea \u2013dirigida por la profesora Gloria Patricia Zuluaga S\u00e1nchez\u2013 muestra los fuertes impactos ecosist\u00e9micos y sociales que generan los monocultivos, ya que implican, entre otras cosas, acaparar (arrendar o comprar) grandes extensiones de tierra, lo que destruye los medios de vida locales.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">El costo humano del monocultivo<\/h3>\n\n\n\n<p>La mirada de Alberto se ensombrece cuando recuerda la incursi\u00f3n en el territorio de la Brigada XVII del Ej\u00e9rcito Nacional y paramilitares de las Autodefensas Campesinas de C\u00f3rdoba y Urab\u00e1 (ACCU) para detener la avanzada de la antigua guerrilla de las FARC mediante las operaciones \u201cSeptiembre Negro\u201d, en 1996, y \u201cG\u00e9nesis\u201d, en 1997, condenadas por la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cCinco a\u00f1os despu\u00e9s nos dimos cuenta de que esas acciones no eran solo para sacar a la guerrilla, sino tambi\u00e9n para dejar libre el territorio y facilitar la llegada de la palma\u201d, menciona Alberto, una conclusi\u00f3n respaldada judicialmente en 2017, cuando la Corte Suprema de Justicia conden\u00f3 a un empresario palmicultor por sus nexos con paramilitares en la compra y venta de tierras.<\/p>\n\n\n\n<p>En 1997 la mayor\u00eda de las familias se desplazaron a Murind\u00f3, Chigorod\u00f3, Bel\u00e9n de Bajir\u00e1, Mutat\u00e1 y otros municipios. \u201cMuchas noches nos acostamos solo con el desayuno\u201d, relata. Apenas 9 familias, entre ellas la de Mar\u00eda Ligia Chaverra y la de Francisco Miguel, permanecieron cerca a los predios interponiendo tutelas al Estado, denuncias ante la Fiscal\u00eda, la Defensor\u00eda del Pueblo y los medios de comunicaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cViv\u00edamos de sembrar para el consumo, el intercambio, y una que otra venta ocasional, pero cuando nos desplazaron el Ej\u00e9rcito no pod\u00eda ver un humito saliendo de las monta\u00f1as porque nos bombardeaban desde los helic\u00f3pteros. No pod\u00edamos cocinarles la comida a los hijos\u201d, narra Francisco.<\/p>\n\n\n\n<p>En 2008, las denuncias realizadas ante la CIDH y el ejemplo de los compa\u00f1eros de Jiguamiand\u00f3, al otro lado del r\u00edo, les permitieron a 23 familias tomar fuerza para crear y habitar la Zona Humanitaria Camelias, en 3 hect\u00e1reas donadas por Mar\u00eda Ligia y su esposo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cPese al dolor por los recuerdos, ellos tumbaron y quemaron cientos de palmas de aceite, construyeron sus casas de madera y fundaron las Zonas de Biodiversidad, lugares para resembrar el bosque, recuperar semillas nativas \u2013como las de miramono, marfilito y blanquillo\u2013, y retomar pr\u00e1cticas tradicionales de cultivo y su soberan\u00eda alimentaria\u201d, cuenta la mag\u00edster, quien durante su trabajo de campo vio pu\u00f1ados de arroz sec\u00e1ndose al sol, plantas de fr\u00edjol enredadas en arcos, cocoteros, cacao, ca\u00f1a de az\u00facar, aguacate y araz\u00e1, adem\u00e1s de gallinas y peces criados por ellos mismos. Tambi\u00e9n vio que algunas familias que sembraban juntas y se repart\u00edan las cosechas no volvieron a acostarse sin comer.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Comprar local o en mercados campesinos<\/h3>\n\n\n\n<p>De otra parte, seg\u00fan la FAO los peque\u00f1os campesinos pueden producir m\u00e1s del 80% de los alimentos que se requieren en todo el planeta, solo necesitan tierras y garant\u00edas para trabajarlas. Por eso, aunque el panorama luce inmenso e incontrolable, es posible tomar acciones tanto individuales como locales.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cTenemos el derecho y el deber de preguntarnos de d\u00f3nde viene lo que comemos, qui\u00e9n lo cultiv\u00f3, d\u00f3nde, cu\u00e1nto tard\u00f3, si es un alimento ultraprocesado, si puede hacernos da\u00f1o, y elegir qu\u00e9 comprar. As\u00ed mismo, cada pueblo tiene el derecho de definir su propia pol\u00edtica agraria y alimentaria, acceder a alimentos nutritivos y producirlos de forma sostenible y ecol\u00f3gica\u201d, se\u00f1ala la mag\u00edster.<\/p>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s enfatiza en la importancia de que tanto la academia como el Estado y los consumidores \u201crelocalicen\u201d los sistemas agroalimentarios. \u201cUn aporte pr\u00e1ctico ser\u00eda comprar productos cultivados en municipios cercanos al nuestro, producir y reproducir conocimientos para la agroecolog\u00eda, y apoyar a los peque\u00f1os campesinos\u201d, concluye.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>periodico.unal.edu.co<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Colombia afronta una contradicci\u00f3n alarmante: aunque en su territorio se pueden cultivar unas 400 especies de plantas comestibles, la palma de aceite, destinada a la producci\u00f3n de biocombustibles, cosm\u00e9ticos y otros productos no alimentarios, ocupa la mayor parte del suelo cultivable. 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