A menos de un año del Mundial en casa, Gilberto Mora ya no sueña: empieza a hacerse un lugar en el Tri y México se ilusiona con su talento.
- A los 16 años, Gilberto Mora ganó su primer trofeo internacional con México
- El mediocampista debutó hace menos de un año en el fútbol profesional
- El técnico Javier Aguirre se ha sorprendido con su madurez dentro y fuera del campo
Entre los festejos del bicampeonato de la Copa Oro, una sonrisa destaca: la de Gilberto Mora, el adolescente que con solo 16 años ya levantó un trofeo con la selección mexicana. El verano pasado todavía jugaba en la Sub-19 de Xolos de Tijuana y buscaba un lugar en el primer equipo; un año después, no solo debutó en la Liga MX, también se convirtió campeón más joven de una final internacional de selecciones y levanta la mano para ser un imprescindible en el once de Javier Aguirre. Mora ya no espera su momento, lo está viviendo.
Cuando Guillermo Ochoa ganó su primera Copa Oro, de camino a Sudáfrica 2010, Gilberto Mora aún no cumplía un año. Hoy comparten vestidor: Ochoa como el veterano histórico que persigue su sexta experiencia mundialista, y Mora como el debutante que sueña con jugar la primera… y hacerlo en casa, en la Copa Mundial de la FIFA 26™.
Nacido en Chiapas y formado en la frontera del país, Mora se unió al equipo mayor en enero para los amistosos en Sudamérica. Debutó contra el Inter de Porto Alegre, en un ambiente exigente y hostil, y en esta Copa Oro fue ganando la confianza del cuerpo técnico en los entrenamientos hasta sorprender como titular en los cuartos de final contra Arabia Saudita y después ante Honduras. «Tiene mucho talento y es mexicano, qué suerte tenemos», resumió Aguirre tras la semifinal, en la que el volante asistió a Raúl Jiménez para sentenciar el partido. Además de esa jugada, se hizo notar por la generación de otro par de ocasiones de gol y por ganar faltas valiosas. A ese aporte ofensivo respondió la titularidad frente a Estados Unidos en la final que culminó con el título.
Aguirre lo define como un “jugador con talento puro”, de esos que se cuentan con los dedos en la historia del fútbol mexicano; lo situó en una línea de tiempo precedida por dos referentes del mediocampo: Tomás Boy y Benjamín Galindo, y apuntó una larga brecha hasta el presente. Cuando comenzó a seguirle la pista, solo le preocupó el aspecto físico. Con 1.68 de estatura y un cuerpo “de niño de 16 años”, como lo describió, “le falta embarnecer”; pero su calidad técnica, la habilidad para leer el juego y anticiparse a sus rivales ha sido su mejor carta. A eso se suman su conducción y el regate, con los que ha aprendido a sacudirse marcas en espacios reducidos. “Lo que más me gusta es que no se esconde. Le dan dos leñazos y sigue queriendo el balón, esa es su mayor virtud”, añadió el estratega, quien insiste en que “no tiene techo” y matiza que el chico ha asumido su lugar en el equipo como parte de un proceso de aprendizaje.
Javier incluso se ha tomado el tiempo de felicitar públicamente a los padres de Gilberto Mora, quien nació con el fútbol en la sangre. Su padre —que lleva el mismo nombre— fue futbolista profesional y defendió varias camisetas en México, pero nunca fue convocado al Tri. Hoy es director técnico en la categoría inmediata inferior de Xolos y su experiencia resulta clave para acompañar a su hijo en un momento crítico de la carrera.
Al ser menor de edad y requerir el permiso de sus padres, ellos fueron los encargados de comunicarle su primer llamado al equipo mayor después de un proceso en selecciones menores: “Lloré de la emoción”, reconoció en su momento. Sus ilusiones son las de cualquier chico que comienza: “Me gustaría jugar el Mundial aquí en México, en 2026, jugar en Europa y ganar muchos títulos”.
En la selección lo describen como un chico centrado, en eso coincidieron Raúl Jiménez y Santiago Giménez, compañeros a los que ha sorprendido por su madurez en la cancha. Mora ha impuesto algunas marcas por su juventud desde el debut en liga, ya juega con la naturalidad de quien lleva años en el máximo nivel, pero sin perder la mirada de adolescente que está descubriendo el fútbol profesional.
El colombiano Juan Carlos Osorio fue quien lo detectó y guió hasta la primera división con Tijuana, hoy lo dirige Sebastián Abreu, el uruguayo reconoce la excepcionalidad de su talento y el respaldo en su círculo inmediato: «No se va a perder, porque viene todo de la casa. La casa es el formador número 1. En ese sentido, está recontra protegido», dijo en medios hace unos días y agregó: «Ahora me siento con la responsabilidad de cuidarlo (física y emocionalmente), para eso sirve la tecnología que no había en la época nuestra». Además celebró la cadena de trabajo y decisiones de los cuerpos técnicos involucrados para favorecer el rápido, pero ordenado ascenso del juvenil.
Al tiempo que otros, movidos por lo insólito de esta irrupción en México, piensan en el límite de su potencial y comienzan a perfilarle destinos, él piensa en la siguiente pelota que le llegue al pie.
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