Según estudios realizados en los diferentes páramos de Colombia –entre ellos los de Boyacá–, alrededor del 60 % de su área total está intervenida por actividades humanas, especialmente ganadería de leche y agricultura, en la que sobresalen los cultivos de papa, cebolla, arveja, cebada y hortalizas en general, como sustento familiar. En algunos puntos específicos de los páramos la minería es otro uso del suelo.
Conrado Tobón Marín | profesor titular del Departamento de Ciencias Forestales de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL)share
Colombia posee más del 40 % de los páramos del mundo, la mayoría de ellos en Boyacá. Foto: archivo Unimedios.
Según estudios realizados en los diferentes páramos de Colombia –entre ellos los de Boyacá–, alrededor del 60% de su área total está intervenida por actividades humanas, especialmente ganadería de leche y agricultura, en la que sobresalen los cultivos de papa, cebolla, arveja, cebada y hortalizas en general, como sustento familiar. En algunos puntos específicos de los páramos la minería es otro uso del suelo.
Tanto dichos usos como el ascenso de la frontera agrícola son la principal amenaza de los páramos colombianos, ya que estas actividades ponen en riesgo el equilibrio ecológico de estos ecosistemas, además de su función vital para el medioambiente y los servicios ambientales que prestan, entre ellos regular el ciclo de hidrológico y proveer agua a las poblaciones.
Los páramos son ecosistemas de alta montaña propios del norte de los Andes; normalmente están entre los 3.000 y 4.500msnm, y se consideran como estratégicos especialmente por su capacidad constante de proveer agua, y además albergan una gran biodiversidad, con especies endémicas adaptadas a las duras condiciones climáticas de esta altura.
En Colombia los páramos se localizan en las tres cordilleras, pero se concentran en la Oriental y la Central, y solo existen unos pequeños relictos en la Occidental. De los 1.141.748km2 del territorio continental, ellos ocupan alrededor el 2,4%, es decir un área aproximada de 29.061,4km2.
Con el 23% del total nacional, Boyacá tiene la mayor área de páramos del país; allí sobresalen 6 complejos: el altiplano cundiboyacense, Pisba, Iguaque-Merchán, Tota-Bijagual-Mamapacha, Guantiva-La Rusia y la Sierra Nevada del Cocuy, con un área total de 6.707,3 km2.
Hasta el 80% de la población colombiana en áreas urbanas y rurales depende del agua emanada por los páramos. Por ejemplo, Bogotá depende de estos ecosistemas en Chingaza, Sumapaz y Cruz Verde; Bucaramanga de Santurbán y Medellín de Belmira.
Sin embargo, como se señaló, gran parte de estos ecosistemas presentan diferentes grados de alteración y degradación, tanto de la vegetación como de los suelos, los cuales obedecen especialmente a la transformación de las coberturas nativas a otros usos del suelo, lo que altera los procesos y las funciones de estos ecosistemas. Entre los más afectados están el páramo de Guerrero (Zipaquirá), Sumapaz y Cruz-verde (Cundinamarca-Meta), y Santurbán (Santander).
En general, la ocupación y el uso de los páramos por parte de diferentes actores sociales genera conflictos socioambientales y económicos, especialmente relacionados con el uso de la tierra y el agua; uno de ellos ocurrió recientemente con la manifestación de los campesinos que se verían afectados por la delimitación que las autoridades ambientales harían de estas zonas para conservarlas.
Helecho de niebla (<i>neuropterir</i>), una de las especies en riesgo por la degradación de los páramos. Foto: Favio González, Instituto de Ciencias Naturales (ICN) de la UNAL.
Dicha delimitación obedece a que actividades como la minería y la expansión de la frontera agrícola degradan los páramos al convertirlos en potreros y áreas de cultivos, o al extraer recursos del subsuelo, lo que amenaza la biodiversidad albergada por estos ecosistemas, que incluye más de 700 especies propias de los páramos colombianos, de las cuales 293 se consideran como “prioridad de conservación” por los pocos especímenes identificados; así como la disponibilidad de agua para la población local en cada páramo y la de algunas ciudades, como Bogotá.
Entre los principales actores que habitan y cultivan los páramos en Colombia están las comunidades campesinas, los colonos e indígenas, producto del marginamiento al cual se han visto históricamente sometidos, y a la migración, a veces forzosa, de campesinos sin tierra, hacia las altas montañas.
Una característica especial observada en casi todos los páramos donde existe agricultura o ganadería es que normalmente no se presenta acaparamiento de tierras, sin ser productivas, salvo algunas excepciones, sino que la tenencia normal de estas tierras es de pequeños agricultores y ganaderos que utilizan cada metro de tierra para la producción agrícola y pecuaria.
Aunque estos usos son socialmente aceptados, el problema consiste en que el uso intensivo de cada metro de suelo de páramo genera una mayor degradación del ecosistema, especialmente porque se erradica toda la vegetación nativa y se alteran las propiedades del suelo como la infiltración de la precipitación, debido a la compactación de los suelos, como con la ganadería, lo que altera las entradas y los flujos del agua en el suelo y la recarga de los acuíferos, al igual que genera erosión y empobrecimiento de los suelos debido a que la falta de vegetación hace que se pierda la capa fértil.
El problema social y económico de los actores, excepto la minería, radica en la falta de alternativas sostenibles y el limitado acceso a otras tierras, así como la poca presencia del Estado, que se limita a políticas de protección y represión de las actividades locales sin tener en cuenta el derecho de las comunidades a su tierra y a los servicios ofrecidos por estos ecosistemas.
Para el caso de la minería, los problemas van más allá de la alteración de los ecosistemas y los servicios que estos prestan, generando conflictos sociales económicos y de seguridad de la población. Por lo tanto, es fundamental implementar estrategias de conservación, uso y manejo del suelo y restauración, promoviendo la participación de todos los actores sociales en la gestión sostenible de estos ecosistemas.
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