La alerta emitida en junio de este año indicaba que el desplazamiento del caudal del río más grande del mundo, a su paso por Leticia, bajó del 30 al 19,5 % tomando dirección hacia Perú. Mediciones de los últimos seis meses muestran que bajó un 2,6 % más, situación que, de no atenderse, dejaría a Colombia sin esta importante conexión fluvial para 2030.

María Alejandra Moreno Tinjacá | periodista Unimediosshare

El caudal del río Amazonas para el lado colombiano disminuyó un 2,6 % para la medición de noviembre. Foto: Grupo Aéreo del Amazonas.El caudal del río Amazonas para el lado colombiano disminuyó un 2,6 % para la medición de noviembre. Foto: Grupo Aéreo del Amazonas.

La alerta emitida en junio de este año indicaba que el desplazamiento del caudal del río más grande del mundo, a su paso por Leticia, bajó del 30 al 19,5% tomando dirección hacia Perú. Mediciones de los últimos seis meses muestran que bajó un 2,6 % más, situación que, de no atenderse, dejaría a Colombia sin esta importante conexión fluvial para 2030.

Navegar por el río Amazonas es contemplar una parte de la vasta biodiversidad de Colombia: un río de color marrón que contrasta con el azul del cielo, el verde intenso de los árboles y la cotidianidad de las personas que recorren sus aguas para pescar o movilizarse en la triple frontera entre Colombia, Perú y Brasil. También es el hogar del delfín rosado (Inia geoffrensis) y el sustento de las familias de las comunidades vecinas, cuyas actividades dependen de un río que hoy es protagonista por sus bajos caudales.

En noviembre pasado, en su última visita a esta zona, el profesor Juan Gabriel León, de la Facultad de Ingeniería y Administración de la UNAL Sede Palmira, midió el caudal del río Amazonas, tanto en el estrecho de Nazareth —aguas arriba de Leticia— como en los brazos que se distribuyen frente a Leticia; para ello empleó un perfilador acústico, aparato que mide la velocidad y la dirección de las corrientes de agua, para monitorear el nivel del caudal en esa sección particular del río, que pasa frente a la capital del Amazonas.

La medición arrojó un escenario preocupante, el cual confirma que para Colombia el caudal del Amazonas sigue disminuyendo, pues de los 34.600m³/s apenas 5.850m³/s circulan frente a Leticia (aproximadamente un 16,9%), mientras que el restante, los otros 28.750m³/s, se van por el lado peruano. Esta no es la primera medición que el profesor León hace durante este año; el pasado 25 de junio evidenció en ese mismo tramo una disminución del 19,5%, es decir un 2,6 % más que ahora.

“Desde hace más de 30 años se conoce esta situación pero el Estado no ha tomado medidas para enfrentarla, y hoy Leticia ve cómo el Amazonas sigue transformando su curso y perdiendo caudal a pesar de contar con estudios y propuestas para mitigar este problema”, indica el biólogo Santiago Duque, de la UNAL Sede Amazonia, quien lleva más de 35 años monitoreando el río Amazonas.

Y es que desde 1993 la UNAL viene advirtiendo y haciéndole seguimiento a este caso, cuando emitió una primera alerta mediante un estudio realizado por el Laboratorio de Estudios Hidráulicos de la UNAL Sede Bogotá, que en su momento determinó que el mayor flujo del río Amazonas se concentraba en la frontera colombo-peruana, en donde este último contaba con un único canal que captaba cerca del 70% del caudal general, mientras que el lado colombiano —conectado a través de dos canales desde las islas de Ronda y Chinería (también conocida como Rondiña)— recibía apenas el 30% del flujo.

“Así, el escenario actual sigue siendo el mismo: el río sigue disminuyendo su velocidad y el caudal por los brazos colombianos. Al fluir más lentamente, deposita sedimentos como la arena, formando playas, barras de arena e islas que crecen progresivamente y terminan por obstruir los canales”, enfatizó el investigador Duque.

Sin río, Leticia también “se va”

Si el río se aleja Leticia no puede funcionar, porque sus habitantes pierden su puerto y con él su sustento y navegabilidad; por ejemplo, los 23 lagos de Yahuarcaca, que están cerca de este municipio del Amazonas y que tienen la mayor productividad pesquera de la región, disminuirán si el gran Amazonas no corre con el mismo caudal que antes.

Además, este municipio es considerado, justamente, como una de las zonas más biodiversas del mundo por albergar más de 500 especies de peces, una riqueza que también se verá afectada por la falta de conectividad ecológica, que les impedirá el paso a los peces y al delfín rosado (Inia geoffrensis), endémico del Amazonas, así como a otros animales. Sin duda, un desvío que rompe la sincronía natural entre el agua, los bosques y la fauna.

Según modelos de proyección realizados por la Armada Nacional en 2018, el canal frente a la ciudad se secará totalmente 5 o 6 meses después de la siguiente década, en 2030. Esto significa que las acciones cotidianas del río cambiarán. Por ejemplo, quienes se dedican al turismo y transportan a los visitantes desde Leticia hasta la Isla de Santa Rosa en Perú tendrán que pasar caminando, así como los habitantes de la región, a quienes les tocará caminar 5 o 6km —bajo el sol, el barro o la lluvia— para poder tomar un bote que los lleve hasta la frontera para vender sus productos o abastecerse.

“Ya lo vivimos en 2024 con la sequía, no solo del lado colombiano sino también en las zonas brasileñas y peruanas. Muchos de los productos que consumimos aquí provienen del Brasil, país hermano en donde también se ven afectados. Además, las lanchas que transportan la carga son grandes, lo que dificulta aún más el acceso cuando el río baja. Todo sube de precio, el pescado disminuye y las rutinas cambian”, explica César Augusto, motorista de lancha del Parque Nacional Natural Amacayacu.

Hay soluciones, pero no acción

La sedimentación frente a Leticia —principal causa de este desvío— es un proceso natural del río Amazonas que se estaría acelerando debido a la minería ilegal y a la deforestación en las montañas de Ecuador y Perú, de donde proviene toda el agua que pasa por la ciudad de Leticia. Esto se relaciona con la estructura natural del río, ya que entre los estrechos de Nazareth y de Tabatinga el agua se ramifica en varios brazos y su velocidad varía según la profundidad y el ancho de los canales.

El brazo principal, pegado a la ribera peruana, transporta la mayor parte del caudal, mientras que los brazos colombianos, más lentos, comienzan a acumular sedimentos. Este proceso de sedimentación, que se ha intensificado desde las décadas de 1980 y 1990, provoca la formación de playas de arena que con el tiempo se cubren de vegetación dando lugar a nuevas islas, conocidas como “islas de cauce”.

Ante este panorama, la proferosa Lilian Posada, de la UNAL Sede Medellín, habla de soluciones como construir grandes estructuras en el fondo del cauce y limpiar (dragar) los sedimentos acumulados en el canal, pues con la remisión de 350m de este material el agua podría circular nuevamente sin ningún problema.

Otra de las posibles soluciones es trasladar el muelle de Leticia hasta Nazareth, en el estrecho, en donde el río es mucho más estable, pero para hacerlo se necesitaría una carretera pavimentada que conecte hasta ese punto, pues actualmente existe una vía hasta el kilómetro 25 pero no está diseñada para tráfico pesado, lo cual implicaría rehacer prácticamente toda la vía.

Con el fin de plantear estrategias y nuevas propuestas para mitigar los riesgos que se presentarán en la zona en los próximos años, desde su última medición el profesor León planteó el proyecto “Análisis de la dinámica de los caudales del río Amazonas en el tramo Nazareth–Leticia (2025–2026). Implicaciones ambientales y socioeconómicas para la región”, que espera desarrollar de la mano de los profesores Santiago Duque y Néstor Leonel Muñoz, de la UNAL Sede Amazonia, para estudiar con detalle los aforos en aguas altas y bajas y su relación con la variabilidad climática.

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