En la corteza y las hojas del tachuelo negro, un árbol nativo de la Orinoquia y familiar de la naranja, un grupo de químicos de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) encontró moléculas capaces de conservar la capa que recubre y protege las neuronas (mielina), las cuales mostraron resultados favorables en laboratorio al aplicarse a un grupo de ratones con daño cerebral similar al que produce la esclerosis múltiple.

15 de diciembre de 2025

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Juan Esteban Correa Rodríguez | Periodista Unimedios Bogotáshare

En la investigación se evaluó cómo evoluciona la esclerosis múltiple en el cerebro de ratones de laboratorio. Foto: Valeria Peña, Unimedios.En la investigación se evaluó cómo evoluciona la esclerosis múltiple en el cerebro de ratones de laboratorio. Foto: Valeria Peña, Unimedios.

“En la esclerosis múltiple, cuando la mielina se pierde las neuronas no pueden disparar la información a la velocidad que lo hacen normalmente”, explica Daniel Esteban Jiménez Correa, magíster en Bioquímica de la UNAL e investigador del proyecto.

Las plantas del género Zanthoxylum sp. son árboles con carbazoles y cromenos, moléculas usadas para producir fármacos que actúan como pequeños interruptores que regulan la respuesta de una célula cuando hay inflamación o cuando necesita manejar mejor ciertas grasas esenciales para su funcionamiento.

Por ello, a partir de estas moléculas obtenidas de la planta, se desarrolló un extracto que además de reducir la inflamación en zonas del cerebro relacionadas con el movimiento y la comunicación entre hemisferios, activaron ciertos mecanismos internos de las células, los cuales ayudan a mantener la calma cuando todo a su alrededor tiende al desorden.

La esclerosis múltiple es una enfermedad huérfana que afecta el sistema nervioso central. Foto: Comunicaciones HUN.La esclerosis múltiple es una enfermedad huérfana que afecta el sistema nervioso central. Foto: Comunicaciones HUN.

Con la esclerosis múltiple la protección de las neuronas se va dañando poco a poco, haciendo que las señales del cerebro no viajen tan bien como deberían. Aunque no se sabe a ciencia cierta qué la origina, quienes viven la enfermedad pueden tener dificultades tanto para caminar como para ver con claridad o coordinar movimientos, y los síntomas suelen aparecer y desaparecer sin previo aviso.

Aunque no tiene una causa única, hoy se sabe que la esclerosis múltiple aparece cuando el sistema inmune se descontrola y ataca por error la mielina produciendo inflamación, casi siempre después de la infección por el virus de Epstein-Barr, el factor más asociado. El riesgo aumenta en personas con predisposición genética y en quienes tienen poca vitamina D por baja exposición al sol.

Se estima que en el mundo una de cada 3.000 personas sufren de esclerosis múltiple, es decir unos 2,8 millones de individuos. En Colombia, según la Cuenta de Alto Costo, la prevalencia de 2023 a 2024 aumentó en un 12,36% (4.381 casos prevalentes), en su mayoría mujeres de entre 20 y 44 años, aunque un estudio de 2025 adelantado por el Hospital Universitario Nacional (HUN) mostró que la enfermedad también se puede presentar después de los 50 años.

“Las terapias existentes hoy se enfocan en ayudar a retrasar los síntomas y a evitar que el sistema inmune deje de funcionar correctamente, pues esta enfermedad es la primera causa de discapacidad en adultos jóvenes en el mundo. Sin embargo, hay un componente que se ha dejado a un lado, y es el neurodegenerativo, para el que aún no hay tratamiento”, indica el experto.

Escondida entre bosques y llanuras

Los árboles del género Zanthoxylum sp. son de tamaño mediano, pueden alcanzar los 15m de altura, su corteza es rugosa y de color gris oscuro, y tiene espinas que sobresalen, por lo que se conoce como “tachuelo negro”. Sirve de refugio para aves que dispersan sus semillas por bosques y áreas montañosas.

Muestras del árbol usadas para extraer las moléculas. Foto: Daniel Jiménez Correa, magíster en Ciencias – Bioquímica de la UNAL.Muestras del árbol usadas para extraer las moléculas. Foto: Daniel Jiménez Correa, magíster en Ciencias – Bioquímica de la UNAL.

Tradicionalmente sus hojas y su corteza se han usado en aguas e infusiones para tratar dolores e inflamaciones, problemas digestivos y afecciones respiratorias; y dice una leyenda indígena que este curioso árbol guarda los secretos de espíritus del bosque que da sabiduría a quienes lo necesitan.

Por ello no es de extrañar que el investigador se haya interesado en su potencial; para estudiarlo, realizó dos preparaciones con sus hojas y corteza: un extracto completo, como un “jugo concentrado” de todas las moléculas presentes en la planta, y una fracción purificada, como si se extrajera solo una parte de ese jugo que contiene ciertos compuestos específicos. Esa comparación fue crucial para descubrir si el efecto dependía de una sola molécula o del trabajo conjunto de muchas.

Por otro lado, para probar ambos productos usó la cuprizona, un agente quimiotóxico que reproduce el daño a la mielina en ratones de manera controlada. Esta sustancia, mezclada en la comida de los ratones, afecta directamente las células que construyen la mielina.

Es como suspender de golpe a todos los trabajadores que mantienen en buen estado los cables de una ciudad: en cuestión de días, los sistemas comienzan a fallar. Eso pasa en el cerebro de estos ratones: la mielina se deteriora y la inflamación sube como si el tejido estuviera tratando de defenderse de una amenaza.

Los animales estuvieron expuestos a este proceso durante seis semanas, y aunque perdieron peso, como suele ocurrir, curiosamente no mostraron problemas para caminar, algo que se midió con una prueba en la que deben avanzar por una estructura similar a una escalera pequeña. Eso les dio a los investigadores una ventaja, pues podían analizar el cerebro sin que los problemas de movimiento alteraran los resultados.

Resultados prometedores

Cuando llegó el momento de estudiar las muestras, la primera parada fue el cuerpo calloso —la autopista que conecta los dos hemisferios del cerebro—, y se encontró lo siguiente:

  • La cuprizona activó con fuerza las señales de inflamación, como un equipo de emergencia trabajando sin descanso. Aunque la pérdida de mielina no fue tan marcada en esa zona, la inflamación ya encendía las alarmas. Allí el extracto mostró su efecto: redujo esa respuesta exagerada y dejó el tejido más parecido al de los ratones sanos.
  • En contraste, la fracción purificada no logró atenuar esa inflamación, lo que insinuaba que la mezcla natural de moléculas del extracto tenía algo que se perdía al purificarlo.

Los extractos se sometieron a rigurosas pruebas de laboratorio para determinar cuáles eran los más prometedores. Foto: Valeria Peña, Unimedios.Los extractos se sometieron a rigurosas pruebas de laboratorio para determinar cuáles eran los más prometedores. Foto: Valeria Peña, Unimedios.

“En la corteza motora, la zona responsable de planear y coordinar movimientos voluntarios, el daño fue más evidente. Allí sí se notó que la mielina había disminuido en los ratones que solo recibieron cuprizona. Era como ver una carretera donde el asfalto empieza a quebrarse dejando al descubierto las capas internas”, explica el investigador Jiménez.

Al aplicar el extracto de la planta, la situación cambió. La capa protectora se conservó mejor, el tejido se veía menos inflamado y la organización general era más estable. El extracto parecía actuar como un amortiguador que evitaba que la degradación avanzara tan rápido. Y, de nuevo, la fracción purificada no mostró el mismo nivel de protección, reforzando la idea de que el conjunto de moléculas presentes en el extracto completo tiene un efecto sinérgico.

Por último, el hipocampo mostró el escenario más difícil. Allí la cuprizona causó el daño más severo del estudio, y ni el extracto ni la fracción lograron revertirlo. Esta región, clave para la memoria, es además una de las más vulnerables en este modelo. Lo ocurrido no contradice los otros resultados: solo confirma que en algunas zonas del cerebro el daño es tan fuerte que incluso un recurso protector necesita más fuerza o más tiempo para actuar.

Para entender qué ocurría en el cerebro se usaron técnicas que permiten “ver” y medir el daño: la inmunofluorescencia tiñó los tejidos para mostrar si la mielina se conservaba o se perdía y cómo respondían las células, y el Western blot –técnica para identificar proteínas usada para diagnosticar enfermedades infecciosas– identificó proteínas asociadas con inflamación y desmielinización.

Las moléculas identificadas que explicarían el efecto son: los carbazoles, que fueron los más abundantes; los cromenos, presentes en menor cantidad; y una mezcla de fitoesteroles, compuestos grasos naturales comunes en muchas plantas. La combinación de estos grupos parece ser la clave para la protección observada en el modelo experimental.

Daniel Esteban Jiménez Correa, magíster en Ciencias – Bioquímica de la UNAL. Foto: Valeria Peña, Unimedios.Daniel Esteban Jiménez Correa, magíster en Ciencias – Bioquímica de la UNAL. Foto: Valeria Peña, Unimedios.

“La investigación es pionera en el país, pues la mayoría de los estudios se han enfocado en tratar de encontrar una causa para la esclerosis múltiple, pero pocos en generar este tipo de alternativas terapéuticas naturales. En Estados Unidos ya existe una molécula extraída de plantas que está aprobada y se está usando en pacientes”, explica el magíster, cuyo trabajo fue dirigido por el profesor Adrián Gabriel Sandoval Hernández, del Departamento de Química de la UNAL.

El HUN fue declarado como el Primer Centro de Referencia del país para el tratamiento y la farmacia en esclerosis múltiple, por lo que el hallazgo de esta planta sigue aportando al compromiso de la Universidad en la búsqueda de nuevos tratamientos para la enfermedad a futuro.

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