Residuos con contaminantes biológicos —como heces fecales humanas y animales— vertidos directamente a las seis cuencas hídricas de los ríos Cali, Amaime, Guabas, Guadalajara de Buga y Vijes han degradado la calidad de sus aguas, según un estudio realizado por la UNAL Sede Palmira. Lo más preocupante es que no hay suficientes plantas de tratamiento de aguas residuales.
9 de enero de 2026
Andrea María Peñaloza Acosta | Periodista Unimedios Sede Bogotáshare
La concentración de bacterias fecales en el río Cali supera en 100 % los niveles permitidos según la normatividad. Foto: Helmuth Ceballos / Darío Rivera, Unimedios Palmira.
En el diverso y tropical paisaje del Parque Nacional Natural Farallones de Cali —en el Alto del Buey de la cordillera Occidental— nace el agua cristalina que alimenta el río Cali, cuya pureza se empieza a perder desde los primeros tramos de los 50km que recorre hasta su desembocadura en el río Cauca. La contaminación es tal, que el agua no es apta para ningún uso humano, por la alta concentración de bacterias nocivas para la salud.
Esto obedece a que, a lo largo de su cuenca —de 21.526 hectáreas— el río recibe vertimientos de aguas residuales y basuras provenientes de viviendas rurales sin conexión a alcantarillado, además de descargas directas de industrias y talleres, residuos de actividades mineras y agrícolas, entre otros, que con las lluvias y escorrentías terminan llegando al cauce.
Con el fin de evaluar integralmente lo que pasa en el río Cali y en las otras 5 cuencas hidrográficas y 10 microcuencas de la región Andina en el Valle del Cauca, el Grupo de Investigación Monitoreo, Modelación y Gestión de Cuencas de la UNAL Sede Palmira analizó los índices de calidad del agua, la degradación del suelo, el impacto del cambio climático y la gobernanza del agua en este territorio.
¿Como un sanitario público?
En cuanto a la calidad del agua, el grupo midió variables como pH (acidez del agua), sólidos suspendidos (partículas de tierra, sedimentos y residuos), demanda química de oxígeno (DQO), conductividad (que indica la presencia de sales y minerales disueltos), temperatura y coliformes fecales, los cuales revelaron niveles alarmantes; en el río Cali resultaron “literalmente incontables”, según la profesora Viviana Vargas Franco, líder del grupo de investigación.
Y aunque los límites de coliformes en aguas superficiales varían dependiendo de su uso, según el Decreto 1594 de 1984, que regula los usos del agua y los residuos líquidos en Colombia, en el río Cali estos superan hasta en más del 100% los niveles permitidos.
Para el agua destinada al consumo humano, antes de tratamiento, se permiten hasta 2.000NMP/100ml (número más probable por 100 mililitros), mientras que para actividades recreativas, como nadar, el estándar es mucho más estricto: niveles inferiores a 200NMP/100ml, debido a que esta agua entra en contacto directo con las personas sin ningún tratamiento previo, a diferencia de la que llega a los hogares tras ser sometida en los acueductos a un proceso de potabilización.
Aunque en todas las cuencas evaluadas hay millones de coliformes, en el río Cali “la situación es demasiado crítica”, afirma la profesora Vargas, lo que revela un grave problema de gestión del agua y falta de control en el vertimiento de descargas. Y es que, en la tercera ciudad más grande del país, con cerca de 2,28 millones de habitantes, hay una sola planta de tratamiento de agua residual: la PTAR Cañaveralejo.
Un informe de la Contraloría Departamental de 2022, sobre el estado actual de los sistemas de tratamientos de aguas residuales domésticas en el Valle del Cauca, reveló que solo 16 de los 42 municipios, tratan las aguas residuales generadas en sus cabeceras municipales; por eso, “interactuar con el río puede causar en el cuerpo humano diarrea, gastroenteritis, fiebre tifoidea e infecciones o brotes cutáneos”, afirma la docente.
En las otras cuencas la contaminación prevalece
Las muestras tomadas en el río Arroyohondo, que atraviesa el municipio de Yumbo, arrojaron que los sólidos suspendidos superaron en más del 75% el nivel máximo indicado por la norma, que es de 400mg/l, mientras que las heces fecales también presentaron niveles elevados por encima del 100% en las zonas alta, media y baja de esa cuenca. La DQO superó los límites permitidos en la parte alta y baja del río en 20 y 40% respectivamente.
En el río Guabas, ubicado entre los municipios de Ginebra y Guacarí, la contaminación es difusa, quiere decir que puede provenir de la intensa actividad agrícola que usa fertilizantes, pesticidas y otros agroquímicos utilizados en caña de azúcar, yuca, maíz, cacao, plátano y hortalizas, entre otros cultivos que se dan en esta región.
En el río Vijes la contaminación fecal es severa en los puntos evaluados, todos con más del 100% por encima del límite permitido, mientras que los sólidos suspendidos sobrepasaron en 30 % la norma.
Para llegar a estos resultados, los investigadores y estudiantes de pregrado y posgrado de la UNAL Sedes Manizales, Medellín y Palmira utilizaron equipos portátiles que permiten medir simultáneamente variables como pH, temperatura, conductividad y sólidos suspendidos. Los parámetros coliformes fecales y demanda química del agua fueron analizados por el Laboratorio de Aguas y Residuos Ambientales de la Universidad del Valle, regulado por el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam).
Además, en estas 6 cuencas se cultivan —entre otros alimentos— tomate, maíz, yuca, plátano, cacao y fríjol, que sostienen la alimentación de muchas familias rurales; por lo tanto, cuando esta producción agrícola se riega con agua contaminada cualquier patógeno puede pasar directo al plato.
Por otro lado, en el departamento también conviven grandes extensiones de monocultivos —principalmente caña de azúcar, café y aguacate— que demandan altos volúmenes de agua y descargan al territorio residuos de fertilizantes, pesticidas y otros agroquímicos que se filtran al suelo o son arrastrados por la lluvia hacia quebradas y ríos, deteriorando la calidad del agua. La pesca también se afecta por la disminución de peces nativos como el bagre y el barbudo o capaz, pues la contaminación reduce su posibilidad de alimentarse y provoca su desaparición en algunos tramos.
Sin gobernanza del agua
La gobernanza del agua es la forma en que un territorio se organiza, decide y trabaja para cuidar, usar y proteger el agua de manera justa y responsable. Incluye cómo las personas, instituciones y autoridades acuerdan reglas, toman decisiones, resuelven problemas y se reparten las responsabilidades para garantizar que el agua esté disponible y en buen estado para todos los usos, algo que en las cuencas evaluadas se ve seriamente limitado, pues el 94,4% obtuvo un índice de gobernanza bajo.
El nivel de coordinación institucional para la toma de decisiones alrededor del agua, en el 72,2% de los casos estudiados fue bajo, lo que se evidencia en una débil comunicación entre las entidades de gestión ambiental, administraciones municipales y comunidades usuarias del agua. Las cuencas Cali y Arroyohondo presentan los resultados menos favorables, con bajos niveles de coordinación entre comunidad e instituciones en todo el territorio.
Además, sobre el nivel de conflicto por uso del agua, más del 60% de los participantes lo percibe como alto y se intensifica en periodos de menor caudal de los ríos, ya que las aguas se desvían hacia cultivos agrícolas y los usuarios aguas abajo reciben menos volumen. Por ejemplo, en la cuenca del Vijes la demanda de agua para uso agrícola ocupa el 93,45%, y en el Guadalajara de Buga el 80%, mientras que solo el 2,7% es de uso doméstico. En el caso del río Amaime, el sector agrícola consume el 60% del total de la demanda, según un estudio de la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC) de 2018.
“Aunque algunas comunidades hacen esfuerzos importantes para proteger sus ríos —por ejemplo organizar mingas, coordinar acciones para evitar la tala de árboles y regular entre ellos el acceso al agua—, sin acompañamiento institucional, políticas públicas, recursos ni coordinación de actores (comunidad, organizaciones sociales, academia, sector público y privado) es una gobernanza que se queda corta”, afirma la profesora Vargas.
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