La nulidad del Decreto 1500 de 2018 reabrió el debate sobre la protección del sistema de espacios sagrados de la Línea Negra en la Sierra Nevada de Santa Marta, un territorio ancestral en donde convergen tensiones entre derechos indígenas, intereses económicos y decisiones estatales. Comprender este proceso exige reconocer la dimensión espiritual, cultural y territorial que los pueblos originarios atribuyen a este sistema, así como las implicaciones jurídicas y políticas que hoy atraviesan su defensa.
Aty Seynekun Zalabata Robles | Geógrafa arhuaca, estudiante de la Maestría en Geografía de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Bogotáshare
Bosques y fuentes de agua de la Sierra Nevada de Santa Marta forman parte del territorio sagrado protegido por el sistema de espacios de la Línea Negra. Foto: Charton Franck / Hemis.Fr / Hemis.Fr / Hemis vía AFP.
La Sierra Nevada de Santa Marta — U’munukunu en lengua arhuaca— se localiza en el norte de Colombia. Es el macizo costero más alto del mundo y uno de los territorios biodiversos y culturales más importantes del país. Allí, en pocas horas de recorrido se pasa del calor del Caribe a los picos nevados, en un gradiente altitudinal —es decir una variación progresiva de condiciones ambientales como temperatura, humedad y vegetación— asociado con el aumento de la altura sobre el nivel del mar, compuesto por una gran diversidad de ecosistemas y fuentes hídricas que sostienen la vida en buena parte de la región.
La Sierra no es solo una riqueza natural. Para los pueblos indígenas que la habitamos —Iku (arhuaco), kogui, wiwa y kankuamo— es el corazón del mundo, un territorio vivo en donde se tejen relaciones culturales, éticas, espirituales y materiales que orientan el cuidado del equilibrio universal haciendo posible la vida en el planeta. Desde la Ley de Origen el territorio no se entiende como un recurso explotable sino como un espacio de responsabilidad colectiva al que pertenecemos como seres vivos, y en donde la vivencia se encuentra guiada por el conocimiento de las autoridades espirituales (los Mamu).
Dicha área abarca los departamentos de Cesar, La Guajira y Magdalena, y unos 30 municipios, entre ellos Riohacha, Dibulla, Hatonuevo, Barrancas, Valledupar, Pueblo Bello, El Copey, Santa Marta, Ciénaga y Fundación.
En los últimos años este territorio ha estado atravesado por múltiples presiones: colonización campesina, expansión de la frontera agrícola, conflicto armado, economías ilegales y proyectos extractivos, las cuales han reconfigurado sus dinámicas culturales, políticas, sociales y ambientales.
La Línea Negra constituye el límite espiritual y territorial que ordena, protege y da coherencia a la integridad del territorio ancestral de los pueblos originarios de la Sierra. A través de representaciones territoriales físicas se ve como una red de conexiones entre espacios esenciales para su configuración, tal como se comprende desde la lógica espiritual de los Mamu.
Durante el conflicto armado, estructuras paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia ejercieron control territorial en amplias zonas de la Sierra Nevada de Santa Marta, generando desplazamientos, violencia y transformaciones en las formas de ocupación del territorio. A estas dinámicas se suma la presión por actividades extractivas: se han identificado más de 130 títulos mineros y más de 200 solicitudes dentro del área de la Línea Negra, territorio ancestral de los pueblos indígenas, lo que evidencia tensiones persistentes entre proyectos económicos y la defensa territorial indígena.
Estas intervenciones han tensionado las formas propias de ordenamiento territorial, evidenciándose superposiciones territoriales entre títulos mineros, áreas protegidas y territorios indígenas, que desde la perspectiva de los pueblos que habitamos la Sierra han puesto en riesgo sitios sagrados, y con ello prácticas culturales fundamentales tanto para la pervivencia de la cultura como para la permanencia en el territorio ancestral.
Hoy la Sierra Nevada de Santa Marta se ha convertido en un escenario de resistencias y propuestas, en donde diferentes voces se encuentran para pensar y cuidar el territorio: dialogan sobre los saberes de los pueblos indígenas con otros conocimientos, y participan tanto mayores como jóvenes en la transmisión y defensa de la vida cultural y territorial. Los cuatro pueblos indígenas hemos fortalecido procesos de gobierno propio, cuidado territorial y diálogo intercultural que buscan garantizar la pervivencia espiritual, física y cultural de las comunidades, así como aportar otras formas de pensar la relación entre sociedad y naturaleza.

Entonces, comprender este territorio implica ir más allá de su geografía física para reconocer a la Sierra lo como un espacio vivo en disputa, en donde hay desencuentros políticos y culturales, convergencia de proyectos de “desarrollo”, presencia de autonomías indígenas, conflictos internos y debates sobre la situación ambiental en Colombia. Pero, principalmente, implica comprenderla como memoria histórica que reconfigura lo que hoy somos sus habitantes, donde las normas y leyes de vida se encuentran escritas como códigos imborrables que conocemos como Ley de Origen, a partir de las cuales rige la vida misma de todo ser desde el origen del mundo, para nosotros Seyn Zareˈ.
Estos códigos —escritos desde Seyn Zareˈ— en espacios específicos dieron valor espiritual intrínseco a estos sitios sagrados, de los cuales se conforma una red que hoy denominamos como la Línea Negra. A partir del cumplimiento de estos códigos logramos la permanente conexión y comunicación con la Madre Tierra, haciendo posible mantener el equilibrio y la armonía de todos los seres que la habitamos.
La Línea Negra constituye el límite espiritual y territorial que ordena, protege y da coherencia a la integridad del territorio ancestral de los pueblos originarios de la Sierra. A través de representaciones territoriales físicas se ve como una red de conexiones entre espacios esenciales para su configuración, tal como se comprende desde la lógica espiritual de los Mamu.
Dicha red está compuesta por 348 sitios sagrados distribuidos desde las cumbres hasta el mar Caribe; cada uno posee un nombre y una función específica, y en ellos se realizan prácticas rituales como pagamentos, consultas espirituales y orientaciones para el equilibrio del territorio. Son lugares que garantizan el cumplimiento del sistema tradicional de gobierno propio de los pueblos de la Sierra, ya que muchas de las decisiones y prácticas se orientan desde estos espacios culturales.
Huellas de la lucha por el territorio ancestral en la Sierra Nevada de Santa Marta
En la década de 1970, tras un largo proceso de lucha para recuperar los territorios que habían sido despojados en procesos civilizatorios, una delegación indígena llegó a la capital del país para exigir soluciones frente a la amenaza que atravesaban sus culturas y su vida colectiva. Como resultado, el Estado colombiano reconoció la Línea Negra mediante la Resolución 0002 de 1973 del Ministerio de Gobierno, estableciendo límites simbólicos y autorizando a los Mamu el acceso a los sitios sagrados.
Posteriormente, la Resolución 837 de 1995 del Ministerio del Interior y de Justicia actualizó esta medida y señaló que los pueblos indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta han delimitado ancestralmente su territorio mediante líneas radiales “de origen”, que conectan lugares sagrados y permiten mantener el equilibrio espiritual de la Sierra y del mundo. Esta resolución identificó 54 sitios sagrados de la Línea Negra.
Integrantes de pueblos indígenas en la Sierra Nevada de Santa Marta, territorio ancestral cuya protección sigue en disputa. Foto: archivo Unimedios.
Tras años de lucha por la pervivencia cultural y la permanencia territorial, se produjo un nuevo reconocimiento de la Línea Negra mediante el Decreto 1500 de 2018, que redefinió el territorio ancestral de los pueblos arhuaco, kogui, wiwa y kankuamo de la Sierra Nevada de Santa Marta. Entre sus principales fortalezas estuvo el reconocimiento oficial de 348 sitios sagrados, la delimitación del sistema territorial de la Línea Negra y la obligación para las entidades del Estado de considerar y proteger estos lugares en sus decisiones y proyectos. Esto fortaleció las bases jurídicas para la defensa del territorio ancestral.
En 2023, el Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC) realizó la georreferenciación de los espacios sagrados reconocidos en el Decreto 1500 de 2018, registrando 348 sitios sagrados con sus nombres en las lenguas propias de los cuatro pueblos indígenas de la Sierra, dentro de un área de 1.849.345 hectáreas. Los lugares quedaron ubicados y registrados oficialmente en cartografía, lo que es importante porque permite reconocerlos en la planificación territorial y en las decisiones del Estado, fortaleciendo así su protección y visibilizando el sistema territorial ancestral de la Línea Negra.
Sin embargo, el pasado 12 de febrero la Sección Primera del Consejo de Estado anuló el Decreto 1500 de 2018 (que definía la Línea Negra en la Sierra Nevada de Santa Marta) por supuestas fallas de procedimiento, sustentando que el decreto se expidió sin la existencia de una cartografía oficial del IGAC y sin consulta previa a otras comunidades étnicas afectadas, como el pueblo wayúu y ette ennaka, que también habitan el territorio en disputa.
Aunque no se negó la existencia de la Línea Negra ni los derechos de los pueblos arhuaco, kogui, wiwa y kankuamo, la anulación del Decreto generó cuestionamientos sobre posibles intereses que pudieron incidir en esta decisión. Esto se debe a que la Línea Negra abarca zonas en las que se proyectan importantes actividades económicas. Al dejar sin efecto el Decreto, se reducen temporalmente restricciones territoriales previamente establecidas, lo que favorecería ciertos proyectos e inversiones.
Durante el conflicto armado, estructuras paramilitares de las Autodefensas Unidas de Colombia ejercieron control territorial en amplias zonas de la Sierra Nevada de Santa Marta, generando desplazamientos, violencia y transformaciones en las formas de ocupación del territorio. A estas dinámicas se suma la presión por actividades extractivas: se han identificado más de 130 títulos mineros y más de 200 solicitudes dentro del área de la Línea Negra, territorio ancestral de los pueblos indígenas, lo que evidencia tensiones persistentes entre los proyectos económicos y la defensa territorial indígena.
La decisión pone en evidencia las tensiones entre la protección del territorio ancestral en la Sierra Nevada de Santa Marta, los derechos de otras comunidades étnicas y la seguridad jurídica de las actividades económicas. En este contexto, desde el sector empresarial se destacó el impacto de la medida. Por ejemplo, en un análisis jurídico publicado por la firma de abogados Brigard Urrutia se señaló que: “si su empresa opera, planea invertir o desarrollar proyectos en los departamentos de La Guajira, Magdalena o Cesar, esta noticia le interesa”.
Como respuesta a esta situación, los pueblos implicados realizaron pronunciamientos en los que sus autoridades manifestaron preocupación y rechazo frente a la decisión del Consejo de Estado. Señalaron que la nulidad del Decreto no desconoce la existencia de la Línea Negra ni sus derechos ancestrales, y reiteraron que la lucha por la integridad espiritual y territorial de su territorio continúa conforme a la Ley de Origen.
Con el propósito de superar las razones que motivaron la nulidad del Decreto, representantes de los pueblos kogui, wiwa, kankuamo y arhuaco sostuvieron encuentros en Santa Marta con autoridades de los pueblos wayúu, ette ennaka y con representantes de comunidades afrodescendientes del territorio. En estas reuniones se acordó avanzar en una ruta de trabajo que permita estructurar un nuevo decreto sobre la Línea Negra, mediante un proceso de consulta previa que garantice la participación de los pueblos implicados y que fortalezca los mecanismos de protección del sistema de espacios sagrados.
En 1979 la Unesco reconoció a la Sierra Nevada de Santa Marta como Reserva de la Biósfera, “por su excepcional riqueza ecológica y cultural”.Foto: Raúl Arboleda/AFP.
Como resultado de este diálogo inicial, las autoridades tradicionales señalaron que el sistema de espacios sagrados de la Línea Negra constituye un instrumento de protección territorial y espiritual que orienta el cuidado de la Sierra. En sus pronunciamientos destacaron que este sistema articula los principios de la Ley de Origen, el derecho propio de los pueblos indígenas y la defensa colectiva del territorio que comparten.
Posteriormente, el 5 de marzo de 2026, el Gobierno nacional instaló en Santa Marta el proceso de consulta previa destinado a construir un nuevo decreto que regule la protección del sistema de espacios sagrados de la Línea Negra. Este proceso busca reunir a los pueblos indígenas de la Sierra y a otras comunidades presentes en el territorio para avanzar en un acuerdo que permita garantizar la integridad cultural, espiritual y ambiental de la región.
Para los pueblos de la Sierra, este debería incluir la protección efectiva de los sitios sagrados y la participación de las autoridades tradicionales en las decisiones sobre el territorio, además de mecanismos claros para regular proyectos que puedan afectarlo. El acuerdo se fundamenta en el marco constitucional colombiano, que reconoce la diversidad étnica y cultural de la Nación, establece la obligación de proteger las riquezas culturales y naturales y consagra el derecho colectivo a un ambiente sano, en armonía con los tratados internacionales ratificados por el país.
La importancia de este debate trasciende el ámbito nacional. En 1979 la Unesco reconoció a la Sierra Nevada de Santa Marta como Reserva de la Biósfera, “por su excepcional riqueza ecológica y cultural”. Más recientemente, en 2022, el sistema de conocimiento ancestral de los pueblos arhuaco, kogui, wiwa y kankuamo fue inscrito en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad —también de la Unesco— destacando su aporte a la protección del territorio y al equilibrio ambiental y espiritual de la Sierra.
Es este un llamado a reafirmar la defensa de nuestro territorio ancestral – Niwi Úmuke unkikwey kingwi azweingwazey nari.
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