
© UNICEF/Lasse Bak Mejlvang Un hombre pesca sentado sobre sacos de arena que protegen a Tuvalu, una nación insular del Océano Pacífico, contra la erosión marina.
Por Laura Quinones
Cambio climático y medioambiente
Un nuevo informe de la ONU advierte que la incesante extracción de arena está desestabilizando silenciosamente ríos, erosionando costas, dañando la biodiversidad y amenazando los mismos ecosistemas que protegen a las comunidades frente a los impactos del cambio climático.
Gracias a la arena se ha construido el mundo moderno. Está en el concreto bajo las ciudades, en el vidrio de los rascacielos y las pantallas de los teléfonos inteligentes, en el asfalto que atraviesa autopistas y en los muros costeros que se levantan frente al aumento del nivel del mar. Pero el material que ha hecho posible el desarrollo moderno se está convirtiendo ahora en parte de un creciente dilema ambiental.
Un nuevo informe de las Naciones Unidas* advierte que la acelerada demanda mundial de arena, el material sólido más extraído del planeta, está transformando ríos, degradando ecosistemas marinos y debilitando las defensas naturales frente a inundaciones y el aumento del nivel del mar.
Durante décadas, la arena ha sido vista como un recurso barato, abundante y prácticamente inagotable. Sin embargo, el mismo material utilizado para construir ciudades y obras para adaptarse al cambio climático cumple una función esencial en la naturaleza: regenerar playas, estabilizar costas, filtrar agua y sostener hábitats para peces, aves, tortugas y muchas otras especies.
“Todos usamos alrededor de 18 kilogramos de arena al día”, señaló Pascal Peduzzi, director del centro de datos ambientales del Programa de la ONU para el Medio Ambiente en Ginebra, durante la presentación del informe.
Arena ‘viva’ y ‘muerta’
La demanda mundial de arena se triplicó entre 2000 y 2020, impulsada principalmente por la urbanización y el crecimiento de la infraestructura. El informe estima que cada año se extraen alrededor de 50.000 millones de toneladas, y que la demanda seguirá aumentando a medida que los países inviertan en adaptación climática, expansión urbana e infraestructura de energía renovable.
La escala de extracción ha alcanzado tal magnitud que, para 2020, el peso total de los materiales construidos por la humanidad superó el peso de toda la biomasa viva del planeta.
“La infraestructura humana pesa más que la de la naturaleza”, afirmó Peduzzi.
Muros costeros, playas artificiales, puertos y barreras contra inundaciones requieren enormes cantidades de arena y grava. Pero extraer demasiada arena de ríos, deltas y sistemas costeros puede debilitar precisamente los ecosistemas que protegen naturalmente a las comunidades frente a tormentas, erosión e intrusión salina.
“Ese es el dilema”, dijo Peduzzi. “Queremos la arena viva y muerta”.
Una vez convertida en concreto o asfalto, explicó, la arena queda eliminada permanentemente de los sistemas naturales. Pero cuando permanece en ríos y ecosistemas costeros, continúa regulando flujos de agua, amortiguando el impacto de las olas y sosteniendo biodiversidad.
Ríos, playas y medios de vida bajo presión
En muchas partes del mundo, las consecuencias ya son visibles. Los lechos de los ríos se profundizan. Los deltas se hunden. Las playas se reducen. Los acuíferos costeros se vuelven cada vez más salinos.
Stephanie Chuah, una de las principales autoras del informe, señaló que los investigadores apenas comienzan a comprender los impactos acumulativos que la extracción está provocando en ecosistemas interconectados.
“La arena no solo proporciona servicios ecosistémicos esenciales, sino que también está vinculada a la resiliencia climática, la seguridad alimentaria, la seguridad hídrica y la estabilidad de los suelos”, explicó.
La experta también alertó sobre el costo humano, con riesgos crecientes para regiones donde el turismo, la pesca y el acceso al agua dulce dependen de costas estables y ecosistemas marinos saludables.
El informe resalta ejemplos en el Caribe. En Trinidad, por ejemplo, la extracción ha destruido vegetación nativa importante para los polinizadores, mientras que en St Kitts & Nevis, la maquinaria pesada ha alterado zonas de anidación de tortugas marinas. En Jamaica, la pérdida de praderas marinas y sistemas coralinos vinculada a la degradación costera ha acelerado la erosión de las playas, debilitando la protección natural frente a tormentas en zonas altamente dependientes del turismo.
Los ecosistemas de agua dulce también están bajo presión. Los lechos arenosos y las llanuras de inundación sirven como zonas de alimentación y reproducción para peces, anfibios, reptiles y aves migratorias, mientras que las dunas y barras de arena ayudan a absorber la energía del oleaje y favorecen el crecimiento de manglares y pastos marinos.
En busca de alternativas
El informe sostiene que muchos gobiernos siguen tratando la arena como un simple material barato de construcción, en lugar de reconocerla como un recurso estratégico vinculado a la biodiversidad, la seguridad hídrica y la resiliencia climática.
Pero algunos países comienzan a replantear ese enfoque.
El informe destaca que en Colombia, el gobierno clasificó formalmente la arena, la grava y la arcilla como “minerales de interés estratégico” en 2023, una medida orientada a fortalecer la supervisión ambiental y mejorar la coordinación en un sector marcado con frecuencia por regulaciones fragmentadas y actividades extractivas informales.
En el estado brasileño de Minas Gerais, empresas mineras están ampliando el uso de “arena de mineral”, un subproducto del procesamiento de minerales que puede reducir la presión sobre ríos y ecosistemas costeros tradicionalmente explotados para obtener arena natural.
En otras partes de la región, sin embargo, las consecuencias ambientales asociadas a una extracción poco regulada son cada vez más difíciles de ignorar.
Chuah explicó que investigadores del PNUMA están desarrollando modelos para ayudar a los gobiernos a estimar la demanda futura de arena e identificar oportunidades para el reciclaje y materiales alternativos.
La tecnología como aliada
El informe pide fortalecer el monitoreo ambiental, aumentar la transparencia en los permisos de extracción y abandonar prácticas de contratación basadas únicamente en el menor costo, que a menudo ignoran daños ecológicos de largo plazo.
Pese a la magnitud de la extracción mundial, el informe reconoce que todavía no existen cifras exactas sobre cuánta arena queda disponible ni sobre dónde y cuánto se extrae.
Para entender mejor la industria, investigadores de la ONU desarrollaron una plataforma de monitoreo que utiliza datos satelitales e inteligencia artificial para rastrear embarcaciones de dragado marino (el proceso de extraer arena, sedimentos, lodo o rocas del fondo del mar mediante maquinaria especializada) y estimar cuánto sedimento se extrae a nivel global.
Los resultados preliminares sugieren que alrededor del 15% de las actividades de dragado marino ocurre dentro de áreas marinas protegidas.
Para el PNUMA, el desafío ya no consiste solamente en gestionar un material de construcción. Se trata de reconocer la arena como parte de los sistemas vivos que sostienen economías, biodiversidad y resiliencia climática.
“La arena es nuestra primera línea de defensa frente al aumento del nivel del mar, las marejadas y la salinización de acuíferos costeros”, afirmó Peduzzi. “Todos peligros agravados por el cambio climático”.
* El informe Arena y sostenibilidad: un recurso esencial para la naturaleza y el desarrollo, publicado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA),
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