Con la llegada de Giannis Antetokounmpo para unirse a Bam Adebayo y a los Miami HEAT, la presión comienza ahora.
Siempre sabes lo que estás viendo.
Te des cuenta o no, cualquiera que lleve tiempo viendo baloncesto tiene una parte de su subconsciente que reconoce la diferencia entre lo bueno y lo grandioso. Existe esa vocecita que te recuerda qué separa a un All-Star de un miembro del Salón de la Fama, o a un equipo de playoffs de un aspirante constante al título. Esa voz no siempre acierta; deja margen para la sorpresa y la decepción. Pero sabe reconocer lo extraordinario.
La grandeza es una sensación. Escuchemos o no a esa voz, todos la reconocemos cuando la vemos porque conocemos esa sensación.
Cuando ves a Giannis Antetokounmpo —ahora oficialmente miembro de los Miami HEAT tras un traspaso que envió a Tyler Herro, Jaime Jaquez Jr., Kel’el Ware y Kasparas Jakucionis, además de activos del draft—, puedes sentir cómo se escribe la historia en cada posesión de cada partido. Puedes sentir el peso, la trascendencia. El significado.
Los seguidores de Miami conocen esa sensación. La han experimentado a lo largo de las décadas; la esperanza renace siempre que la grandeza marca un nuevo capítulo para la franquicia. Y saben lo que conlleva esa sensación.
Puede parecer que estamos exagerando, pero así es el momento. La adquisición de un jugador como Antetokounmpo —dos veces MVP y con otras siete temporadas figurando entre los siete primeros en la votación para dicho galardón— es motivo de celebración. Es también el instante en que todo cambia: surgen nuevas oportunidades y, con ellas, nuevas expectativas.
No sabemos si el equipo acabará cumpliendo esas expectativas o si aprovechará la oportunidad que tiene ante sí. Hay mucho de qué hablar y lo analizaremos a fondo, pero, independientemente del resultado final, el reloj empieza a correr hoy mismo. La grandeza es la marea creciente que eleva todos los barcos, pero el precio que se paga por ella es la presión.
Gran parte de esa presión recaerá sobre la dupla formada por Antetokounmpo y Bam Adebayo, sea justo o no. El resto de la plantilla —y al momento de escribir esto aún quedan un par de plazas libres— es crucial, por todas las razones que analizaremos más adelante, pero el peso recae sobre el núcleo principal. Se trata, además, de una combinación inusual; existen pocos precedentes históricos de equipos campeones que concentren tanto —incluidos los recursos— en una pareja de hombres altos (frontcourt), especialmente sin contar con un organizador de juego de élite en el perímetro. Antetokounmpo y Adebayo son jugadores atípicos por sí mismos, y los precedentes históricos tienen un alcance limitado cuando apenas existen referencias previas para este tipo de jugadores: ambos son hombres altos con habilidades de manejo de balón y capacidad para generar juego.
Empecemos por los datos básicos. En las últimas siete temporadas, los Milwaukee Bucks nunca bajaron del sexto puesto en eficiencia ofensiva (Offensive Rating) cuando Antetokounmpo estaba en pista. En ese mismo periodo, los HEAT nunca cayeron por debajo del sexto lugar en eficiencia defensiva (Defensive Rating) con Adebayo en cancha. Si consideramos que un verdadero aspirante al título es aquel equipo que se sitúa entre los cinco mejores en ambos aspectos del juego, Miami parte de una posición inmejorable.
¿Es así de sencillo? Probablemente no. El éxito de un equipo no consiste simplemente en juntar a dos grandes jugadores como si fueran figuras de acción, sino en lo que ambos son capaces de crear juntos, algo que no sería posible si uno de ellos no estuviera presente.
BUENA SUERTE
Comenzaremos analizando el potencial defensivo; es el aspecto más evidente sobre el papel, pero merece un examen más detenido.
Antetokounmpo cuenta en su haber con cinco selecciones para los mejores equipos defensivos de la liga (All-Defense) y un galardón al Jugador Defensivo del Año; todos estos logros —salvo uno— se produjeron con Brook Lopez en el quinteto titular. A pesar del talento de Antetokounmpo y Jrue Holiday, la defensa de Milwaukee se articulaba en torno a Lopez y su capacidad para proteger el aro: se empleaba un esquema conservador de defensa en retroceso (drop coverage) que canalizaba el balón hacia Lopez, situado en el centro de la zona, mientras Holiday y Antetokounmpo sembraban el caos donde podían.
Adebayo, pese a sus grandes cualidades, no es Lopez; además, Erik Spoelstra no suele optar por planteamientos conservadores en defensa a menos que la plantilla lo exija. Por lo general, prefiere coberturas más agresivas que —salvo un breve periodo de un par de meses bajo las órdenes de un nuevo entrenador— no eran habituales en Milwaukee. Tanto los HEAT como los Bucks han figurado entre los mejores equipos de la liga a la hora de disuadir ataques cerca del aro durante las últimas siete temporadas —desde que Adebayo se convirtió en titular indiscutible—, pero han logrado este objetivo de formas totalmente distintas.
Aunque Adebayo no iguala a Lopez en cuanto a protección del aro, probablemente sea el mejor defensor capaz de cambiar de marca (switch) de la última década. Cuando el equipo ha prescindido de esa estrategia, generalmente se ha debido a la falta de alineaciones adecuadas para ejecutarla, obligando a Adebayo a alejarse a menudo de sus mayores virtudes para adaptarse al talento defensivo que lo rodeaba. Con la presencia en la alineación de Antetokounmpo —un defensor excepcional en los cambios por mérito propio, que ya aplicaba esta táctica con frecuencia en el sistema de Milwaukee—, junto a Andrew Wiggins y Davion Mitchell, esos problemas desaparecen por completo. La mejor defensa de Miami en…
mas en miamiheat.com
nba.com/heat
