
El tango sigue. Porque ya aprendió a sufrir, pero también amó. Amó hasta el final a una camiseta que ya vio la gloria, pero que no se conforma. Que siempre va por más. Por eso, cuando parecía que el final había llegado, que la ilusión se derrumbaba, el equipo apareció. El campeón del mundo apareció: tras ir perdiendo 2-0 ante Egipto, la Selección Argentina lo dio vuelta, ganó 3-2 y sigue adelante en la Copa del Mundo 2026.

Antes de los 15, Egipto golpeó primero con una jugada desde la derecha: centro venenoso al borde del área chica y Yasser Ibrahim le ganó de arriba a todos para poner el 1-0.
Cinco minutos más tarde, una buena acción colectiva por la izquierda terminó con una infracción dentro del área contra Tagliafico. El árbitro sancionó penal, Leo Messi lo pateó cruzado contra el palo izquierdo, pero el arquero Mostafa Shobeir Oufa le ganó la pulseada.
Hasta el palo parecía estar de la vereda de enfrente en la primera media hora. Con un tiro libre de larga distancia, Messi probó a colocar, pero el caño le ahogó una vez más el grito a la Argentina.
En el arranque del complemento, los corazones se paralizaron tras un contragolpe letal que terminaba con el segundo de Egipto, pero una infracción contra Lisandro Martínez en el arranque de la jugada, visualizada por el VAR, hizo que se anulara la acción.
Sin embargo, a los 20, otra contra muy bien conducida por Salah terminó con un gran pase de Haissem Hassan y el gol de Mostafa Ziko para el 2-0.
Promediando los 80 minutos, hubo luz para la Albiceleste. Messi se encendió, inventó una pelota espectacular para Romero, y el Cuti descontó de cabeza. Después del gol, otra genialidad de Leo, a pura gambeta, dejaba a Lautaro Martínez frente al arco, pero llegó al cabezazo muy exigido para darle dirección.
Pero había tiempo para el 10. Siempre hay tiempo para el 10. Por eso, tras una serie de rebotes tras una jugada generada por él mismo, la capturó de sobre pique y reventó el arco para el 2-2.
El ingreso de Lautaro no solo dio piernas, no solo dio aire y cambio de ritmo. También dio fútbol. Porque cuando el 2-2 ya era milagroso, Martínez aprovechó una contra, esperó, y soltó un centro perfecto para marcar un 3-2 que ya es histórico, que ya es inolvidable. Que demuestra que nunca pueden dar por muerto a la Selección Argentina. ¡Esto sigue!
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