
© Adobe Stock/Mazur Travel Un termómetro callejero en la ciudad de Bilbao marca unos aterradores 50 grados Celsius durante la intensa ola de calor veraniega en España.
Europa, la región que más rápido se calienta del planeta, ha registrado ya cerca de 10.000 muertes relacionadas con el calor este verano. Ante el aumento de estos episodios, la Organización Mundial de la Salud publicó una nueva guía para ayudar a los países a preparar sus sistemas de salud, proteger a las personas más vulnerables y responder antes de que las altas temperaturas provoquen nuevas víctimas.
Europa se enfrenta a una amenaza sanitaria cada vez más grave debido al aumento de las temperaturas. Aunque el verano aún no termina, datos de cinco países muestran cerca de 10.000 muertes en exceso relacionadas con el calor, informó este miércoles la Organización Mundial de la Salud (OMS).
La región europea se está calentando aproximadamente al doble del promedio mundial, lo que convierte al calor extremo en un desafío creciente para la salud pública y la seguridad sanitaria.
“Casi 10.000 muertes en exceso, y el verano todavía no ha terminado”, advirtió el director regional de la OMS para Europa, Hans Henri P. Kluge. “No se trata de un desastre natural; se repite cada año porque demasiados gobiernos siguen tratando el calor como un fenómeno meteorológico y no como una emergencia sanitaria”.
Prepararse antes de las olas de calor
Ante este escenario, la OMS publicó una nueva edición de su guía para los Planes de Acción sobre Calor y Salud, un documento que ofrece a los países un marco para prepararse de forma permanente frente a las olas de calor, en lugar de reaccionar únicamente cuando estas ya se han producido.
La guía propone ocho componentes esenciales, entre ellos fortalecer la gobernanza, establecer sistemas de alerta temprana, identificar a las poblaciones más vulnerables, reforzar la comunicación con la ciudadanía, preparar a los sistemas de salud, reducir la exposición al calor y mejorar la vigilancia y evaluación de las medidas adoptadas.
Además, incorpora cinco documentos con recomendaciones específicas para los sectores de salud, trabajo, planificación urbana, servicios sociales y educación, junto con un banco de mensajes de salud pública listo para ser utilizado durante episodios de calor extremo.
Hospitales más resilientes
Las olas de calor incrementan las hospitalizaciones y ponen bajo presión a centros de salud que, en muchos casos, no fueron diseñados para soportar temperaturas tan elevadas. El sobrecalentamiento de los edificios puede afectar el suministro eléctrico, los sistemas de refrigeración y los servicios informáticos, además de aumentar el estrés térmico entre pacientes y personal sanitario.
La OMS destacó el caso del hospital Buhuși, en Rumania, que habilitó un espacio climatizado para atender a personas con golpes de calor, distribuye agua fresca, capacitó a su personal para detectar los primeros síntomas del agotamiento por calor y busca instalar un sistema de refrigeración de alta eficiencia en todo el edificio.
La organización también apoya a varios países mediante el Índice de Seguridad Hospitalaria, una herramienta que permite evaluar si los hospitales podrán seguir funcionando durante emergencias. Armenia, Georgia, Kazajistán, Polonia y Ucrania ya han realizado evaluaciones y programas de capacitación con apoyo de la OMS para fortalecer la preparación de sus sistemas sanitarios.
La población también tiene un papel
La nueva guía subraya que la población no debe ser vista únicamente como receptora de alertas, sino como un actor clave para proteger su propia salud y la de quienes la rodean. Como ejemplo, la OMS destacó el plan del Reino Unido frente a fenómenos meteorológicos extremos, que utiliza un sistema de alertas por colores vinculado a medidas concretas para los servicios de salud, las autoridades locales, los grupos comunitarios y la población. Cuando algunas zonas del país alcanzaron temperaturas de hasta 37,7 °C en junio de este año, el sistema activó automáticamente las alertas correspondientes.
La OMS advirtió que el aumento de las temperaturas en Europa no puede afrontarse únicamente con acciones dentro del continente. En julio de 2024, el Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, pidió a todos los países elaborar planes nacionales de acción frente al calor y reforzar la cooperación internacional para responder a este fenómeno, una iniciativa en la que participan diez entidades de la ONU, incluida la OMS.
“En los últimos cuatro años, el calor ha causado más de 200.000 muertes en nuestra región y la mortalidad relacionada con las altas temperaturas ha aumentado un 30% en las últimas dos décadas”, recordó Kluge. Sin embargo, insistió en que muchas de esas muertes pueden evitarse. “Sabemos cómo proteger a las personas: alertar tempranamente a las comunidades, hacer las ciudades más frescas, garantizar el acceso al agua y a la sombra, vigilar a quienes corren mayor riesgo y preparar los sistemas de salud antes de que las temperaturas alcancen su máximo”, concluyó.
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