El colombiano se despidió pocos días después de ser presentado en Atlético Nacional con el sueño de afianzarse luego de varios años sin encontrarse a nivel clubes.
Cambio de era, cambio de época. James Rodríguez pateó el tablero de su camino en el fútbol en menos de una semana. Primero, al presentarse como refuerzo de Atlético Nacional. Luego, unos días después, renunciando a la Selección Colombia, unos dos meses después de su participación en la Copa Mundial 2026.
«Hoy quiero hablarles desde el corazón. Siento que llegó el momento de cerrar una de las etapas más importantes de mi vida», declaró al borde de las lágrimas en el mensaje con el que comunicó su decisión. A los 35 años, el capitán cierra una etapa que lo tuvo como protagonista de algunos de los capítulos más importantes del fútbol colombiano.
Everton. Al Rayyan. Olympiacos. Sao Paulo. Rayo Vallecano. Club León. Minnesota United. Parece una larga y monótona lista de clubes pero, en el caso de James Rodríguez, representa algo más. Se trata del recorrido que hizo el colombiano desde septiembre del 2020, cuando Carlo Ancelotti lo eligió para que fuera el conductor del equipo inglés. Desde entonces, siete equipos en seis años hasta llegar a Atlético Nacional, donde fue presentado ante 40 mil hinchas, cubierto de una ilusión diferente de otras veces.
Llegó el momento. 🇨🇴
Gracias por cada partido, cada alegría, cada lágrima y cada sueño compartido.
Defender los colores de la selección Colombia fue uno de los mayores honores de mi vida.
Gracias, Colombia. Para siempre. 💛💙❤️ pic.twitter.com/AlRxMgtFeI— James Rodríguez (@jamesdrodriguez) September 15, 2026
El colombiano regresa a su país después de 18 años, cuando llamó la atención del mundo en Envigado. Jugó su primer partido como profesional a los 14 años, señal de su talento prematuro. Aunque en su primera temporada descendió con el equipo de Medellín, poco después lograría el ascenso y, principalmente, la atracción de las miradas de varios clubes. El zurdo terminó en Banfield, de Argentina, donde haría historia al ser la figura del equipo que salió campeón del torneo local.
De ahí, el salto a Europa. Porto, Mónaco y, finalmente, la Copa Mundial 2014, el torneo que le cambió la carrera y lo ató definitivamente a la Selección Colombia. Poco después de la Copa Mundial 2026, James volvió a ratificar su vigencia con la Selección Colombia, algo que no terminó de conseguir a nivel clubes.
Ahora, en la mira solo le queda rendir con su nuevo equipo, luego de su salida de la Tricolor, donde hizo historia grande.
Fue parte determinante, como emblema y número 10, de una nueva camada que hizo soñar a Colombia con escribir hazañas a nivel internacional. Hasta la aparición de su generación, la Selección llevaba 16 años sin disputar la Copa Mundial: el último recuerdo había sido la eliminación en Fase de Grupos de Francia 1998, un cachetazo más tras la dolorosa decepción en Estados Unido 1994. Ausentes en Japón y Corea 2002, Alemania 2006 y Sudáfrica 2010, el combinado entonces dirigido por José Néstor Pékerman le devolvió la ilusión al pueblo y James fue el epicentro de un combinado que escribiría la mejor actuación de su historia mundialista.
Aquella campaña será inolvidable, inmortalizada en la memoria de todo un país. El golazo contra Uruguay, las celebraciones en Brasil, los pases que parecían encontrar caminos invisibles. La historia de James con Colombia deja imágenes que sobrevivirán por siempre a su despedida. Este martes 15 de septiembre, el mediocampista anunció el final de su recorrido con la selección, una camiseta con la que convirtió su talento en una esperanza compartida por millones de personas. Con James dentro de la cancha todo parecía posible.
James acumuló una serie de clubes en los que no pesó, en los que no se encontró. Por eso, su llegada a Colombia casi veinte años después, a los 35, representa una nueva oportunidad -quizás definitiva-.
«Estoy muy feliz de estar acá, la verdad de corazón muchas gracias, esperamos tener muchas alegrías juntos y sobre todo muchos títulos, porque este es un club ganador y yo también lo soy, así que muchas gracias», dijo James Rodríguez en la presentación a Atlético Nacional, un gigante de Colombia que ocupa la cuarta posición en la liga local y sueña con la clasificación a la CONMEBOL Libertadores 2027, entre otros objetivos.
James tuvo una serie de temporadas irregulares que no le permitieron afianzarse en ninguno de esos clubes. Lesiones, molestias físicas, falta de empatía con el entrenador o un estilo que no se adaptaba al equipo. En su último equipo, Minnesota United, su director técnico Cameron Knowles le reconoció su aporte pero el conjunto que disputa la MLS no hizo un esfuerzo por renovarle el contrato. «Se puede apreciar su capacidad de creación de oportunidades. Puede crear para sí mismo, tiene grandes momentos con el balón. Tiene una calidad excepcional», dijo. Pero el colombiano, en lo que pareció una decisión de dosificar sus esfuerzos con la mirada puesta en la Copa Mundial 2026, solo jugó ocho partidos oficiales.
Con Néstor Lorenzo, renovado en la Tricolor para afrontar la CONMEBOL Copa América 2028 y el camino rumbo a la Copa Mundial 2030, James tuvo un aliado. Desde la llegada del entrenador a Colombia, después del Mundial de Catar, el zurdo parece vivir en un mundo espejado. En uno, mimado, capitán y con un sistema que lo fortaleció. En otro, no termina de encontrar la vuelta. Y cambia.
«Hay jugadores que en 20 minutos te dan más que nadie. Es un jugador que le ha dado mucho al fútbol colombiano. Estuve hablando con él y lo noté con mucho compromiso y ganas de estar y brindarse de lleno en la Selección». Fue una de las primeras declaraciones de Lorenzo. Un mensaje claro.
En el torneo que se disputó en Norteamérica, James cumplió con un buen rendimiento, aunque el equipo quedó eliminado en los octavos de final ante Suiza, lejos de las aspiraciones con las que había llegado. Con Gustavo Puerta y Jefferson Lerma como volantes centrales, el 10 tricolor quedó liberado para la generación de juego. No hizo goles ni repartió asistencias, pero fue titular en todos los partidos y casi siempre salió a mediados del segundo tiempo, cuando se quedó sin energías. Colombia identificó en él al futbolista que necesitaba: el encargado de ordenar, acelerar o pausar los ataques. Otra vez, como tantas veces desde que Lorenzo asumió, James encontró en la Selección un lugar que no consiguió sostener en sus clubes.
En Atlético Nacional, James se suma a un equipo con jugadores de jerarquía, experimentados y técnicamente afines a su estilo, como Jorman Campuzano, Edwin Cardona o Mateus Uribe, excompañero en la Selección. A diferencia de varios de los clubes por los que pasó en los últimos años, se encuentra ahora en un equipo obligado a ganar y a ser protagonista ante cualquier rival. Rodríguez, recibido como un ídolo, necesitará rendir a la altura de las expectativas. La presión por ganar —claro— es tan grande como la masa de hinchas que volvió a recibirlo en casa.
fifa.com
