El análisis de datos históricos y proyecciones futuras sugiere que el embalse de Chuza enfrenta un riesgo significativo de agotamiento de sus reservas, lo que podría tener consecuencias muy graves en la actualidad y en el futuro cercano. Aunque en Bogotá se están implementando medidas de racionamiento, se considera que estas deben ser más restrictivas y adaptativas para hacerle frente a la situación actual y prepararse para futuros desafíos.

Erasmo A. Rodríguez | Investigador asociado del Instituto de Estudios Ambientales (IDEA) de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) Sede Bogotá

La última vez que el embalse de Chuza alcanzó su capacidad máxima fue en agosto de 2021. Desde entonces sus volúmenes máximos de almacenamiento anual han ido disminuyendo. Fuente: Ruta RegionesLa última vez que el embalse de Chuza alcanzó su capacidad máxima fue en agosto de 2021. Desde entonces sus volúmenes máximos de almacenamiento anual han ido disminuyendo. Fuente: Ruta Regiones

El embalse de Chuza, construido en 1983 por la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB), desempeña un papel vital para Bogotá, ya que abastece aproximadamente al 70% de la población bogotana y de algunos municipios vecinos. Con un volumen útil de 215,19 millones de m3, el embalse se considera relativamente pequeño y carece de capacidad para realizar una regulación multianual. A diferencia de embalses más grandes, como el de Guatapé en Antioquia, que cuenta con 1.166 millones de m3, Chuza se llena y se vacía anualmente, sin la capacidad de almacenamiento interanual.

Según un estudio realizado en 2023 por la EAAB en colaboración con la Escuela Colombiana de Ingeniería, las precipitaciones sobre el embalse de Chuza, ubicado en el Páramo de Chingaza, en la cordillera Oriental de los Andes, provienen fundamentalmente de dos grandes fuentes de humedad: la de la región de la Orinoquia –de enero a abril–, y la de la Amazonia, de junio a agosto. Otras fuentes de humedad, como las provenientes del Atlántico, de los Andes y de las regiones Pacífico y Caribe, son secundarias y garantizan las lluvias sobre la zona del embalse en otras épocas del año.

En el Páramo de Chingaza la precipitación media alcanza los 2.500 mm/año con un régimen de tipo monomodal, es decir un pico de lluvias al año, en el que alrededor del 50 % de la lluvia ocurre de mayo a agosto.

En términos generales, el embalse de Chuza se llena con los caudales de los ríos Guatiquía (trasvase), Chuza y Quebrada Leticia, y con la precipitación sobre el espejo de agua, que se presenta de mayo a agosto. Se vacía de septiembre a abril. Aunque se espera que a finales de agosto de cada año el embalse tenga el 100% de su volumen útil, esta condición solo se ha presentado seis veces en los últimos 24 años: 2014, 2015, 2017, 2018, 2019 y 2021). En 7 años (2002, 2003, 2004, 2009, 2012, 2016 y 2020) el embalse ha alcanzado reservas hídricas entre el 90 y 100%, y en los 11 años restantes tuvo reservas hídricas por debajo del 90%.

La última vez que el embalse de Chuza alcanzó su capacidad máxima fue en agosto de 2021. Desde entonces sus volúmenes máximos de almacenamiento anual han ido disminuyendo, registrando un 77% (percentil del 22%) para agosto de 2022 y un 61% (percentil inferior al 1%) para agosto de 2023. Desde esta última fecha el embalse ha experimentado un vaciado continuo, alcanzando un preocupante 15,91% (percentil inferior al 1%) para sus reservas hídricas al 10 de abril de 2024.

Los niveles críticos de almacenamiento en agosto de 2023 (solo el 61% de su capacidad) y las reservas hídricas extremadamente bajas para el 10 de abril de 2024, de 15,91%, representan las condiciones más desfavorables registradas en el embalse en los últimos 25 años. Esta situación tiene múltiples causas que incluyen, entre otras, factores climáticos, deforestación en la Amazonia, aumentos en la demanda, y posibles efectos asociados con la operación del embalse.

En el Páramo de Chingaza la precipitación media alcanza los 2.500 mm/año con un régimen de tipo monomodal. Fuente: Parques Nacionales Naturales de ColombiaEn el Páramo de Chingaza la precipitación media alcanza los 2.500 mm/año con un régimen de tipo monomodal. Fuente: Parques Nacionales Naturales de Colombia

Ante los niveles extremadamente bajos del embalse de Chuza, desde el 11 de abril la Alcaldía de Bogotá implementó un racionamiento de agua en la ciudad por sectores y fechas. Una pregunta que surge en este momento es por qué no se implementaron medidas de racionamiento antes, especialmente conociendo la presencia de El Niño y sus efectos sobre la precipitación del trimestre enero-marzo, así como los bajos niveles del embalse a finales de agosto de 2023.

Utilizando datos proporcionados por XM para el periodo 2000-2024, se estima que el aporte diario promedio al embalse es de 12,3 m3/s, con una desviación estándar de 4,9 m3/s. Durante el periodo de bajas lluvias en la zona del embalse –que en general se presenta entre septiembre y abril del año siguiente–, se han calculado los aportes al embalse de Chuza para el periodo 2000-2024, y se encontró que el aporte promedio es de 11,9 m3/s, y que para el periodo 2023-2024 el aporte fue de solo 7,22 m3/s, que corresponde al percentil del 4,3%. Este valor es el segundo más bajo en el periodo de análisis, ligeramente por encima de la situación para el periodo 2015-2016, cuando las aportaciones promedio diarias al embalse fueron de 7,13 m3/s.

Es relevante destacar que para 2015 el embalse se encontraba lleno a finales de agosto, por lo que con las reservas fue posible atender la demanda y no se presentó racionamiento ni crisis. También es importante resaltar que entre 2015 y 2016 coincidió con la ocurrencia de El Niño muy fuerte, reflejando que definitivamente el Sistema Chingaza es vulnerable a las afectaciones de este fenómeno.

Con los valores de reservas al 10 de abril en el embalse (15,91%), los aportes actuales al embalse (4,36m3/s), junto con una demanda aproximada de 10,5m3/s, que es la sugerida por la Alcaldía para este sistema (de un total de 15m3/s Chingaza atiende el 70%) y descartando los efectos de las lluvias y la evaporación sobre el embalse, se puede calcular que esta demanda se podría atender durante aproximadamente 62 días, agotando las reservas en el embalse. Así, en este momento, por cada 1m3/s demandado en la ciudad se está extrayendo alrededor del 50% de las reservas del embalse, lo que de ninguna manera es sostenible.

El escenario actual garantizaría suministro de agua para la ciudad hasta aproximadamente el 10 de junio, cuando se anticipa que lleguen las lluvias fuertes sobre el páramo y el embalse. Así, posiblemente con el racionamiento actual y haciendo un mayor esfuerzo por ahorrar y hacer un uso racional del agua, para tener una demanda total en la ciudad por debajo de 15 m3/s (al 12 de abril estaba en 15,85m3/s), posiblemente podríamos superar esta crisis.

El problema mayor es que aún con las lluvias de mayo a agosto es poco probable que el embalse se recupere y termine lleno en agosto de 2024, produciendo condiciones de alta vulnerabilidad del Sistema nuevamente para 2025. En el periodo 2000-2023, durante la época húmeda (mayo-agosto), el promedio del llenado del embalse corresponde al 45%, con valores máximos del 60% (2015) y mínimos del 24% (2001). Así, bajo una condición de agotamiento de las reservas y utilizando las observaciones históricas de los últimos 25 años, el embalse como máximo llegaría al 60% del almacenamiento, con una condición por debajo de la que existía en agosto de 2023 (61,6%) y que es en parte la que ha detonado el problema actual.

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