El método Miyawaki promete crear un bosque funcional en apenas 15 metros cuadrados, y en México ya hay proyectos reales que lo están probando. En Nezahualcóyotl plantaron 1,500 ejemplares de 25 especies nativas en un terreno universitario en desuso; en Juanacatlán, Jalisco, un colectivo busca sanar el río Santiago con 12,000 árboles. La técnica japonesa de reforestación urbana está ganando tracción en las ciudades mexicanas justo cuando las olas de calor superan los 45°C y los parques se achican. Pero antes de celebrar, hay algo que la ciencia todavía está discutiendo.
¿Qué es el método Miyawaki y por qué crece tan rápido?
El botánico japonés Akira Miyawaki (1928–2021) desarrolló esta técnica observando que los bosques nativos japoneses sobrevivían en lugares inesperados: cementerios, bordes de templos, terrenos olvidados. Su conclusión fue que si plantas muchas especies nativas juntas, a alta densidad (entre 3 y 5 plantas por metro cuadrado), la competencia entre ellas acelera el crecimiento de forma natural. El suelo se prepara en profundidad —hasta 80 o 100 cm— con materia orgánica y micorrizas, imitando la fertilidad de un bosque maduro.
El resultado, según sus promotores: árboles que crecen hasta 10 veces más rápido que en reforestaciones convencionales, un bosque 30 veces más denso y autosuficiente —sin riego ni poda— a partir del segundo o tercer año. La captura de CO₂ sería hasta 30 veces más eficaz que la reforestación tradicional, de acuerdo con datos citados por la BBC. En ciudades con islas de calor severas, los minibosques también ayudan a regular la temperatura local. El Tecnológico de Monterrey ha replicado la técnica en campus con sensores de monitoreo para medir resultados en tiempo real, lo que conecta bien con el tipo de proyectos de reforestación urbana en México que ya documentamos.
Nezahualcóyotl, Jalisco, CDMX: dónde está pasando en México
La Universidad Tecnológica de Nezahualcóyotl tomó un lote de 600 m² en desuso y plantó 1,500 ejemplares de 25 especies nativas —agaves, nopales, cardones, fresnos, colorines— adaptadas a los suelos salinos del antiguo lago Texcoco. Los investigadores proyectan que, una vez maduro, el bosque podría reducir la temperatura del municipio entre 10 y 15 grados centígrados. Una cifra que en plena ola de calor suena a salvavidas.
En Juanacatlán, Jalisco, el colectivo Un Salto de Vida eligió el entorno del río Santiago —uno de los más contaminados del país— para su proyecto ‘Bosque del Fin del Mundo’: 12,000 ejemplares en 4,000 m², con plantas nativas, hortalizas y medicinales mezcladas. No es solo reforestar; es intentar devolver dignidad a un río que lleva décadas enfermo. En Ciudad de México, hay iniciativas en Iztapalapa, Xochimilco y Milpa Alta, integradas al programa Reto Verde de SEDEMA. Organizaciones como SUGi, Foresta AC y Symbiótica también empujan proyectos comunitarios en todo el país.
¿Por qué la ciencia todavía no está completamente convencida?
Un estudio publicado en el Journal of Applied Ecology revisó 51 artículos sobre el método Miyawaki y encontró que solo el 41% ofrecía evaluaciones cuantitativas. De esos, apenas el 33% incluía grupo de control y el 14% tenía replicación. Los investigadores no hallaron diferencias estadísticamente significativas frente a otros métodos en captura de carbono, y cuestionaron las cifras de madurez acelerada que circulan en medios y redes.
Karen D. Holl, de la Universidad de California en Santa Cruz, fue más directa: calificó el método de ‘poco práctico y prohibitivo en costos’ si se busca aplicarlo a gran escala. El problema no es que los proyectos existan o que no funcionen localmente —los resultados en Neza y Jalisco son reales y medibles. El problema es que las cifras más llamativas (’30 veces más eficaz’, ’10 veces más rápido’) vienen principalmente de los promotores del método, no de estudios independientes con controles rigurosos. Y el costo inicial —preparación del suelo profundo, plántulas nativas, riego constante los primeros años— puede ser alto para comunidades con pocos recursos.
Eso no lo invalida. Lo convierte en lo que realmente es: una herramienta de acupuntura ecológica, útil, concreta y replicable en escala pequeña, pero que necesita más investigación independiente antes de proclamarse la solución universal a la deforestación urbana. Si quieres involucrarte, organizaciones como SUGi o Foresta AC tienen talleres y proyectos abiertos en varias ciudades mexicanas.
ecoosfera.com
