Las conclusiones subrayan la necesidad de examinar las normas internacionales a medida que aumenta la demanda de envases ecológicos

El informe de la FAO se publica en un contexto de constante crecimiento del mercado mundial de los envases de alimentos, que se prevé que alcance los 815 510 millones de USD para 2030.
©FAO/Alessio Romenzi
Roma – Según un nuevo informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el uso creciente de plástico reciclado en los envases de alimentos y otros materiales en contacto con alimentos ofrece claros beneficios ambientales, pero también suscita preocupaciones cruciales en relación con la inocuidad de las sustancias químicas, lo que subraya la necesidad de examinar las normas armonizadas a escala mundial.
El informe, publicado el miércoles y titulado Food safety implications of recycled plastics and alternative food contact materials (Implicaciones para la inocuidad alimentaria de los plásticos reciclados y los materiales alternativos en contacto con alimentos), se publica en un contexto de constante crecimiento del mercado mundial de los envases de alimentos, que en 2024 se había estimado en 505 270 millones de USD y se prevé que alcance los 815 510 millones de USD para 2030.
Los aperitivos, los platos precocinados, la comida rápida, la confitería y las bebidas embotelladas son ejemplos ilustrativos de cómo está aumentando la demanda de envases alimentarios a raíz de los cambios en los hábitos de consumo y el estilo de vida.
Los materiales en contacto con alimentos desempeñan una función importante en la reducción de las pérdidas y el desperdicio de alimentos, ya que permiten prolongar su vida útil y proteger su calidad, lo que ayuda a reducir los costos de producción, mejorar la eficiencia de los sistemas agroalimentarios, respaldar la seguridad alimentaria y la nutrición y contribuir a la sostenibilidad ambiental.
Sin embargo, el uso generalizado de materiales a base de plástico y con una larga vida media ambiental está contribuyendo a una epidemia mundial de residuos plásticos, lo que está propiciando una transición gradual hacia los plásticos reciclados.
Si bien hasta ahora se ha reciclado menos del 10 % de los residuos plásticos generados en todo el mundo, se prevé que esta proporción aumente por motivos de sostenibilidad, lo que plantea importantes dudas sobre la inocuidad de las sustancias químicas de los alimentos.
En el informe se sostiene que se deben perseguir los objetivos ambientales de forma paralela a las preocupaciones sanitarias derivadas de la posible contaminación química y la migración de sustancias químicas de los materiales a los alimentos con los que están en contacto.
“Queremos reciclar más plástico, pero también queremos asegurarnos de que al resolver un problema no generemos otros nuevos. La inocuidad de los alimentos debe ocupar un lugar central en la transición hacia sistemas agroalimentarios y pautas de consumo de alimentos más sostenibles”, declaró la Sra. Corinna Hawkes, Directora de la División de Sistemas Agroalimentarios e Inocuidad de los Alimentos de la FAO.
La protección ambiental y la salud pública
Es fundamental realizar una evaluación oportuna de los problemas relacionados con la inocuidad alimentaria a fin de que los materiales en contacto con alimentos, tanto reciclados como alternativos, puedan alcanzar su pleno potencial al tiempo que se protege la salud de los consumidores y se garantiza el comercio justo.
Un motivo de preocupación es la posible introducción de nuevos peligros asociados a las fuentes de materia prima —como plaguicidas, toxinas naturales o alérgenos— en los materiales de origen biológico que están en contacto con alimentos, derivados de recursos naturales y renovables como el maíz, la caña de azúcar y la yuca. Surgen también otras preocupaciones relacionadas con el uso de nuevas sustancias añadidas intencionalmente, tales como los nanomateriales, que se emplean para mejorar el rendimiento de los materiales o habilitar las funciones de envasado activo.
En el informe se insta a llevar a cabo una limpieza y una eliminación eficaces de las sustancias químicas durante los procesos de reciclaje de plástico diseñados específicamente para materiales en contacto con alimentos. Gracias a sistemas adecuados de control y clasificación del flujo de desperdicios es posible separar los envases de plástico destinados al uso alimentario antes de su reciclaje, de acuerdo con los códigos de identificación de resinas específicos para el polímero sintético.
Para abordar la creciente preocupación pública por la exposición a los microplásticos y los nanoplásticos en los alimentos y las bebidas, es preciso contar con métodos analíticos validados para su detección e identificación. En el informe se argumenta que la actual falta de dichos métodos ha impedido hasta el momento que los organismos reguladores determinen un riesgo claro para la salud humana.
Por último, existen posibles problemas en el comercio internacional debido a la falta de armonización normativa.
De cara al futuro, se prevé que las conclusiones del informe sirvan de fundamento para los debates de la Comisión del Codex Alimentarius, órgano intergubernamental establecido en 1963 por la FAO y la Organización Mundial de la Salud (OMS) con objeto de establecer normas, directrices y códigos internacionales relacionados con los alimentos y destinados a velar por su inocuidad y facilitar el comercio.
En el informe se señala que en los debates en curso en el marco del Codex Alimentarius sobre los aspectos de inocuidad alimentaria relativos al uso de plásticos reciclados en el envasado de alimentos se ha destacado aún más la necesidad mundial de armonizar las normas sobre los materiales en contacto con alimentos entre los distintos países.
Tal como se argumenta en el informe, con la armonización mundial de los marcos normativos no solo se respaldaría la realización de evaluaciones de riesgos sólidas y con base científica encaminadas a garantizar la producción y el uso inocuos de los materiales reciclados en contacto con alimentos, sino que también se contribuiría al logro de los objetivos internacionales actuales y futuros de reducción de los residuos plásticos.
fao.org

