Con 265 millones de jugadores y alrededor de 5 mil millones de aficionados, el fútbol es el deporte más popular del mundo, pero, al igual que muchas actividades al aire libre, se ve cada vez más afectado por la triple crisis planetaria del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la contaminación. Mientras las ciudades sede de Norteamérica reciben a millones de aficionados al fútbol para la Copa del Mundo de 2026, se enfrentan a una enorme presión sobre las redes de transporte, los sistemas de gestión de residuos y los recursos naturales. El evento ha recibido críticas por su impacto ambiental proyectado, ya que los científicos estiman que podría generar entre 9 y 15 millones de toneladas de CO2.

Una evaluación realizada por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) a más de 100 organizaciones deportivas en 48 países reveló que, si bien muchas organizaciones reconocen su responsabilidad de reducir su impacto ambiental, a menudo carecen de la financiación, el personal y la experiencia necesarios para lograrlo.

Sin embargo, varias ciudades sede de la Copa del Mundo están demostrando cómo los desafíos pueden impulsar un cambio positivo. «Los grandes eventos como la Copa Mundial ofrecen una oportunidad única para promover y normalizar buenas prácticas», afirma Gulnara Roll, Jefa de la Sección de Transición Sectorial del PNUMA. «Las ciudades anfitrionas pueden integrar los preparativos del torneo en sus estrategias de sostenibilidad a largo plazo, generando beneficios que se extienden mucho más allá del evento en sí».

A continuación, se presentan cuatro maneras en que las ciudades pueden hacer que los grandes eventos deportivos sean más sostenibles, basándose en ejemplos de ciudades que colaboran con el PNUMA en el marco de la iniciativa Generación Restauración.

  1. Invertir en infraestructura resiliente al clima y espacios públicos verdes
    Nuevos árboles plantados en el Parque Myrtle Edwards de Seattle
    Crédito: Ciudad de Seattle
    Los grandes eventos deportivos brindan a las ciudades la oportunidad de invertir en infraestructura sostenible y soluciones basadas en la naturaleza que seguirán beneficiando a los residentes una vez finalizado el torneo.

Por ejemplo, el nuevo centro de entrenamiento del Parque Centennial de Toronto, construido para la ocasión, se diseñó para cumplir con los estándares de cero emisiones netas, mientras que la ciudad ha mejorado la biodiversidad urbana plantando más de 57 000 árboles y arbustos autóctonos en el Parque Centennial y el Parque Biidaasige.

De manera similar, Seattle ha restaurado parques a lo largo de la bahía de Elliott, un popular puerto urbano, añadiendo playas naturales, hábitats para polinizadores y áreas de juego en la naturaleza. La Ciudad de México, por su parte, ha impulsado el ecoturismo y el agroturismo en sus áreas de conservación de suelos, ampliando los espacios verdes para polinizadores y rehabilitando espacios públicos con materiales reciclados.

  1. Reducir los residuos y mejorar la economía circular
    Contenedores de reciclaje en una zona del Festival de Aficionados de la FIFA en Toronto
    Crédito: Ciudad de Toronto
    Eventos como la Copa Mundial generan enormes cantidades de residuos, pero gran parte de ellos se pueden evitar mediante una mejor planificación y enfoques de economía circular.

Para la Copa Mundial, Toronto ha implementado un sistema de gestión de residuos de tres flujos, envases reutilizables en zonas seleccionadas del Festival de Aficionados de la FIFA, programas de rescate de alimentos que redirigen el excedente a organizaciones comunitarias y estaciones públicas de recarga de agua para reducir el uso de plásticos de un solo uso.

El Lumen Field de Seattle, miembro fundador de la Alianza Deportiva Verde, desvía alrededor del 90 % de sus residuos de los vertederos gracias a uno de los programas de cero residuos líderes en Estados Unidos. También se han implementado iniciativas similares de reciclaje, compostaje y uso de botellas de agua reutilizables en las zonas de aficionados y áreas públicas de la ciudad.

La estrategia de la Ciudad de México para la gestión de residuos durante el Mundial integró la legislación federal de economía circular y la iniciativa «Gol por el Ambiente», diseñada para gestionar los residuos del torneo mediante sistemas de reciclaje y programas voluntarios locales que eliminan los plásticos de un solo uso.

  1. Facilitar el transporte sostenible
    El sector del transporte representa el 37 % de las emisiones totales de CO2, pero las ciudades pueden reducir esta huella de carbono facilitando el desplazamiento de los aficionados mediante el transporte público, la bicicleta y a pie.

Toronto ha adoptado un enfoque que prioriza el transporte público, invirtiendo en rutas prioritarias, infraestructura para ciclistas y opciones de movilidad compartida. Seattle, por su parte, ha ampliado las calles peatonales, aumentado los servicios de transporte público e introducido un servicio gratuito de transporte al paseo marítimo que conecta a los aficionados con el Lumen Field, facilitando así los desplazamientos con bajas emisiones de carbono.

La Ciudad de México invirtió en la mejora de importantes intercambiadores de transporte, como Tasqueña, aprovechando el Mundial para acelerar el desarrollo de la infraestructura urbana, y organizó siete rutas de transporte público exclusivas hacia el Estadio de la Ciudad de México los días de partido.

  1. Involucrar a las comunidades y construir alianzas duraderas.
    Imagen: Voluntarios plantando árboles en un parque de Toronto.
    Crédito: Ciudad de Toronto.
    Las iniciativas ambientales son más exitosas y duraderas cuando las comunidades locales participan en su diseño e implementación.

Las iniciativas medioambientales tienen mayor éxito y perduran más en el tiempo cuando las comunidades locales participan en su diseño y ejecución.

Por ejemplo, la iniciativa Green Seattle Partnership reunió a organismos municipales, empresas, escuelas, organizaciones sin fines de lucro y miles de voluntarios para rehabilitar más de 230 parques, al tiempo que ofrecía educación ambiental y capacitación laboral a los jóvenes. De manera similar, Toronto ha involucrado a residentes, grupos comunitarios y voluntarios corporativos en proyectos de plantación de árboles a gran escala.

En Ciudad de México, autoridades ambientales y grupos dedicados al saneamiento han movilizado a voluntarios para limpiar espacios públicos, orientar a los asistentes hacia los contenedores de reciclaje y fomentar prácticas de economía circular.

unep.org

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