Tras años de trabajo en fincas piscícolas, laboratorios y clínicas veterinarias, investigadores de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) identificaron y reprodujeron cachamas blancas libres de espinas, las que más incomodan a los consumidores, una innovación que cambiaría la forma de producir y consumir este pez en el país.

Juan Esteban Correa Rodríguez | Periodista Unimedios Bogotáshare

Aunque a simple vista esta cachama parece como cualquiera, la diferencia está oculta bajo su piel: carece de las espinas que durante años han limitado el consumo de esta especie. Fotos: Valeria Peña Herrán, Unimedios.Aunque a simple vista esta cachama parece como cualquiera, la diferencia está oculta bajo su piel: carece de las espinas que durante años han limitado el consumo de esta especie. Fotos: Valeria Peña Herrán, Unimedios.

En las fincas piscícolas del Putumayo comenzó una historia que durante años sonó más a anécdota que a descubrimiento científico: algunos trabajadores encargados de procesar cachamas para venderlas notaron que ciertos ejemplares carecían de las espinas intermusculares que suelen dificultar su consumo.

Lo que parecía una simple curiosidad se convirtió en una investigación que hoy permite identificar estos peces cuando aún están vivos, reproducirlos, y buscar en su ADN las claves de una característica que transformaría la producción de una de las especies acuícolas más importantes de Colombia.

Ese hallazgo, liderado por investigadores de la UNAL, abre una nueva ruta para mejorar el valor comercial de la cachama blanca y responder a una de las principales barreras que ha limitado su consumo durante décadas.

El avance representaría un punto de transformación para la piscicultura nacional, ya que la cachama es la especie nativa de cultivo más importante del país, pero la presencia de numerosas espinas en sus filetes ha limitado durante años su consumo y comercialización frente a otras alternativas.

Según la Federación Colombiana de Acuicultores, en 2024 se produjeron en el país 35.262 toneladas de cachama, uno de los peces insignia de esta industria junto a la tilapia y la trucha.

Para el profesor Luis Gabriel Quintero, de la Facultad de Medicina Veterinaria y de Zootecnia de la UNAL Sede Bogotá, encontrar peces que naturalmente no desarrollan estas estructuras abre la posibilidad de crear líneas productivas con mayor valor agregado y más atractivas para los consumidores, sin necesidad de modificar artificialmente la especie.

El reto de demostrar que existían

Lo que inicialmente parecía una rareza generó una pregunta científica para el profesor Quintero y su equipo: ¿es posible que existan cachamas que naturalmente no desarrollan estas estructuras óseas?

Para responder a esta pregunta, los investigadores de la UNAL iniciaron un trabajo que combinó recorridos por fincas piscícolas, seguimiento de ejemplares reportados por productores y análisis en laboratorio. Con el tiempo, el proyecto se convirtió en un esfuerzo interdisciplinario que hoy reúne productores, veterinarios, genetistas y especialistas internacionales.

En el Laboratorio de Ictiología y Peces Ornamentales de la UNAL se cuidan y estudian estas cachamas.
En el Laboratorio de Ictiología y Peces Ornamentales de la UNAL se cuidan y estudian estas cachamas.
Allí se cuenta con todos los insumos para que los peces se puedan desarrollar y reproducir según lo planeado.
Allí se cuenta con todos los insumos para que los peces se puedan desarrollar y reproducir según lo planeado.

Uno de los mayores desafíos de la investigación fue identificar a los peces que realmente carecían de espinas intermusculares, sin abrirlos, pues hasta ahora la única forma de comprobarlo consistía en sacrificar el animal y revisar manualmente sus estructuras óseas.

Para superar este obstáculo, el profesor Quintero y sus colegas desarrollaron una metodología que permite identificar los peces sin espinas mientras aún están vivos. El proceso tomó varios años de trabajo, pues una ecografía convencional no era suficiente, por lo que fue necesario adaptar equipos, parámetros diagnósticos y protocolos de observación a una especie para la cual no existían antecedentes ni procedimientos estandarizados.

“No se trataba simplemente de tomar una imagen y verla; tuvimos que aprender cómo observar estas estructuras en una especie para la que no existían referentes previos”, explica el profesor Quintero.

El trabajo llevó a incorporar herramientas de diagnóstico veterinario como ecografías, radiografías y tomografías computarizadas, las cuales permitieron observar con detalle las estructuras óseas internas de los peces sin afectar su desarrollo.

Así, las cachamas terminan protagonizando una escena poco habitual: transportadas en bolsas con agua, son llevadas hasta la Clínica para Pequeños Animales de la UNAL, en donde los especialistas realizan las imágenes diagnósticas que permiten observar su anatomía interna.

“La ventaja de este procedimiento es que el agua es un buen medio para que los ecos de ultrasonido pasen, y se obtienen imágenes de mejor calidad”, señala el profesor Henry Meneses, líder de estos procesos en la Clínica.

Gracias a esta metodología, los científicos pueden establecer desde etapas muy tempranas cuáles ejemplares desarrollarán espinas y cuáles no. “Hoy podemos identificar esta característica cuando los peces pesan apenas unos 7 gramos, mucho antes de que alcancen tamaños comerciales o reproductivos”, destaca el profesor Quintero.

Las imágenes también permitieron descubrir que la ausencia de espinas no se manifiesta de una forma única: mientras algunos ejemplares tienen espinas intermusculares normales, en otros están parcialmente ausentes, y otros están completamente libres de estas estructuras.

El profesor Meneses menciona que este hallazgo también permitió clasificar con mayor precisión los animales y seleccionar aquellos con mayor potencial para los programas de reproducción. Además, que los peces identificados se marcaron con microchips para hacerles seguimiento individual a lo largo del tiempo y evaluar su desempeño reproductivo.

Ecografía realizada a las cachamas que se encuentran en el Laboratorio de Ictiología y Peces Ornamentales de la UNAL.
Ecografía realizada a las cachamas que se encuentran en el Laboratorio de Ictiología y Peces Ornamentales de la UNAL.
Este procedimiento evita que las cachamas deban ser anestesiadas.
Este procedimiento evita que las cachamas deban ser anestesiadas.

La respuesta estaría en el ADN

Aunque las evidencias apuntan a una mutación genética natural, los investigadores aún buscan responder la pregunta más importante de toda la investigación: ¿qué ocurre en el ADN de estos peces para que no desarrollen espinas intermusculares?

“Sabemos que existe una mutación asociada con esta característica; ahora debemos identificar cuáles son los genes involucrados y cómo controlan la formación de las espinas”, explica el profesor Quintero. El reto es considerable, pues difícilmente una estructura anatómica tan compleja depende de un único mecanismo genético, y los científicos consideran que, por el contrario, en el proceso intervendrían varios genes actuando simultáneamente.

Con ese objetivo, el proyecto entró en una nueva fase, centrada en genética molecular y genómica, con el propósito de identificar las regiones del ADN asociadas con esta característica, comprender cómo se expresa y determinar cómo se transmite entre generaciones.

En esta etapa ha sido fundamental el trabajo del profesor Fernando Ariza Botero, del Departamento de Producción Animal de la UNAL, líder de los análisis genéticos y moleculares orientados a entender por qué algunos ejemplares de cachama desarrollan esta singular condición. Sobre los genes candidatos y las particularidades encontradas hasta ahora en estos peces, explica:

Los estudios también buscan establecer qué ocurre cuando estos ejemplares se reproducen y si la característica se puede mantener en las siguientes generaciones. Frente a los resultados obtenidos hasta ahora con peces reproducidos en Putumayo, el profesor Ariza señala:

¿Pueden nacer más cachamas sin espinas?

Demostrar que estos peces existen fue apenas el comienzo. El siguiente desafío consiste en establecer si la característica se puede heredar y mantener en las siguientes generaciones. Para responder esa pregunta, los investigadores han realizado cruces dirigidos entre ejemplares con ausencia total o parcial de espinas. “Estamos intentando observar cuál es la heredabilidad de la característica”, anota el profesor Quintero.

Uno de los resultados más prometedores proviene de una finca piscícola de Puerto Asís (Putumayo), en donde el equipo cruzó un macho con pocas espinas y una hembra completamente libre de ellas. De las cerca de 500 crías obtenidas, los investigadores seleccionaron 100 ejemplares para evaluarlos en detallade y encontraron 10 peces totalmente sin espinas.

Las cachamas también pasan por una máquina de rayos X que ayuda a evidenciar si tienen espinas o no.
Las cachamas también pasan por una máquina de rayos X que ayuda a evidenciar si tienen espinas o no.


















En Colombia la cachama
es uno de los peces con mayor importancia acuícola, por lo que la innovación
revolucionaría esta industria.
En Colombia la cachama es uno de los peces con mayor importancia acuícola, por lo que la innovación revolucionaría esta industria.

“Esos animales ya son maduros y están próximos a reproducirse”, afirma el académico. Para el equipo, este resultado constituye una de las evidencias más sólidas de que la característica se transmitiría entre generaciones y abre la posibilidad de evaluar su comportamiento en una segunda línea reproductiva.

Aunque en países como China existen investigaciones para eliminar espinas en especies de carpas mediante herramientas genéticas, el caso colombiano tiene una particularidad: los peces sin espinas aparecieron de manera natural en sistemas productivos del Putumayo, y se identificaron gracias a la observación de los propios piscicultores.

Hoy, la investigación adelantada en la UNAL reúne especialistas de Colombia, Brasil y Uruguay, y ha dado lugar a publicaciones científicas y a una tesis doctoral reconocida entre los mejores trabajos de la Universidad Estatal Paulista.

“Ya demostramos que estos animales existen. Ahora tenemos que entender por qué aparecen y cómo transmitir esa característica a las siguientes generaciones”, concluye el profesor Quintero. Mientras esas respuestas se siguen buscando en el ADN, la investigación ya sentó las bases para que esta característica se convierta en una herramienta de mejoramiento para una de las especies más importantes de la acuicultura colombiana.

periodico.unal.edu.co

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